La mujer me vio sorprendida y de su boca, escapó una sonora carcajada. Fruncí el ceño, cruzándome de brazos, aguardando que terminara de reír para seguir negociando.
—Disculpe, pero le juro que para nada esperaba que me pidiera eso —siguió riendo hasta que se secó las lágrimas que le había causado tal acción. Suspiró, intentando componer la postura que tenía hace instantes y me vio divertida—. En resume, señor Taylor; ¿lo usted quiere es pagarme para que la mujer que ama sea feliz con mi esposo? —moví la cabeza afirmando y entornó los ojos—. Es muy noble de su parte, pero dígame; ¿por qué debería aceptar lo que propone?
—Soy...