Eve no podía creer lo que estaba viendo.
¡Ese hombre estaba loco! ¿En qué se suponía que estaba pensando cuando decidió subirse a ese caballo? Él no tenía la menor idea de domar a uno, era un hombre de ciudad, un empresario no un vaquero.
Por primera vez, Eve pensó en que esa maldición que decía tener era real y en algún punto de la vida lo hacía volverse loco y realizar actividades que ponían en serio peligro su vida. Porque no veía otra explicación para aquel comportamiento temerario.
Todo ocurrió tan rápido, las empleadas comenzaron a suspirar a su alrededor viendo los músculos de su prometido. Era todo un...