Chapter 3 No pienso casarme contigo

Chapter 3 No pienso casarme contigo

Horas después, había sido llevada por Harrison a que le hicieran un cambio radical.

Por más que se negó al principio, no pudo evitarlo.

El maquillaje, el arreglo en su cabello, el precioso y elegante vestido… Era como retroceder en el tiempo y volver a ser Evelyn, el ángel del Venetian.

Cuando se miró al espejo se sintió fuera de su cuerpo y de su actual vida. Cerró por un momento los ojos y recordó su camerino, el sonido del piano indicando su entrada al escenario y las expresiones embelesadas del público al escucharla cantar.

Su vida antes de que Gael destrozara todos sus sueños, la admiración de la gente, la confianza en el ser humano, vivir sin miedo.

Eve parpadeó para ocultar las lágrimas cuando escuchó:

—¿Estás lista? Nos están esperando para firmar el contrato.

Ella asintió, aunque continuaba sin saber para qué puesto de trabajo era, ya no estaba tan asustada. Hacía años que nadie la trataba tan bien. Todos fueron amables con ella, incluso la adularon por el color de ojos tan particular que tenía. Una mezcla entre verde y dorado.

Tenía la sospecha de que aquello podía ser algún invento de su amiga, Adeline siempre le insistía para que cambiara su imagen, aunque había exagerado mucho para conseguirlo.

—Estoy lista —pronunció con seguridad.

—Vamos entonces, se nos hace tarde y a Rob no le gusta esperar ni un solo minuto.

¿Rob? ¿Quién era Rob? Se preguntó.

***

Rob miró la hora cuando el reloj marcó las cuatro y un minuto.

Miró hacia la puerta de la oficina y agarró su teléfono para llamar a su primo. Antes de sonar el primer tono, Harrison entró de forma apresurada. Extendió el dedo pulgar para hacerle entender que todo había salido bien y él suspiró.

Cuando su futura esposa entró sus labios se entreabrieron por la sorpresa. La hermosa figura de la mujer en aquel traje entallado dejaba a la vista todo lo que ocultaba bajo aquellas ropas horrorosas con las que la había visto en la mañana.

—Eso no era lo que yo quería —murmuró en voz baja, pero ya no podía echarse atrás—. Le dije a Harrison que no deseaba sentir atracción hacia mi futura esposa —gruñó, y el juez que se encontraba allí para hacer que el contrato fuera legal y se marchara de allí casado, lo miró con extrañeza.

Entonces ella alzó el rostro y lo observó.

Se quedó petrificada en mitad del pasillo y miró a su alrededor, confusa. Harrison se acercó a la mujer y le dio unas flores.

—¿Flores? —la escuchó preguntar—. Señor Foster, gracias, pero para qué necesito… ¿Qué hacemos aquí?

Rob detuvo a su primo cuando fue a explicárselo, decidió que lo haría él mismo.

Ya era el momento de que se ocupara de la que iba a ser su esposa.

Además, quería verla de cerca y no lo conseguiría si ella continuaba detenida en el pasillo.

Había algo en ella que le resultaba conocido. Como si la hubiera visto en algún lugar antes, era una sensación muy fuerte, pero ese recuerdo parecía no querer desbloquearse.

Caminó por el pasillo y se detuvo frente a ella.

Él esbozó una sonrisa para calmarla, aunque era algo que no solía hacer con asiduidad.

Ella lo miró, entreabrió los labios y jadeó como si el verlo de frente la horrorizara. Temblaba tanto que parecía al borde de desmoronarse allí mismo.

Evangelina bajó la cabeza y el ramo de flores que Harrison le había dado cayó al suelo.

¿Tan horrible era compartir la vida con él? Enfadado, le alzó el rostro con rudeza y la escuchó exhalar un gemido de terror. Se sentía muy ofendido, pero no pudo evitar quedarse prendado de aquellos ojos.

¿Dónde los había visto antes?

—Ojitos de estrellas —murmuró Rob y supo que en algún momento de su vida él había dicho esa misma frase. El corazón le latía con mucha rapidez y no sabía por qué si esa mujer lo estaba despreciando—. ¿Nos conocemos? —Ella negó con la cabeza con demasiada contundencia.

***

Eve no podía tener más mala suerte en su vida porque aquello solo podía ser producto de una casualidad desastrosa.

En cuanto vio a ese hombre lo reconoció.

Seis años antes, él había estado en el Venetian en una de sus actuaciones. Fue la última que dio porque al día siguiente se marchó con Gael.

Esa noche bebió demasiado, lo hizo para llenarse de valor y acudir a la habitación de hotel donde se estaba hospedando su expareja. Había decidido aceptar su propuesta, estaba enamorada y se casarían cuando llegaran a México.

Entre risas y mareos, porque ella no estaba acostumbrada a tomar alcohol, había llegado al hotel. Después había llamado a la puerta de la habitación y un hombre igual de pasado de copas que ella le abrió.

Recordaba muy bien sus palabras cuando la vio frente a él:

«Hola, ojitos de estrellas». Las mismas palabras que acababa de pronunciar. La metió en la habitación y cometió un error que le traería muchas consecuencias.

A la mañana siguiente despertó desnuda, en su cama y con el hombre que en ese momento la miraba con expresión confusa, a su lado.

Horrorizada por lo que había hecho y con el miedo de perder a Gael si se lo confesaba, fue a buscarlo y calló su secreto.

Un mes después estaba embarazada, casada y sin saber de quién era el hijo que llevaba en el vientre. Se dijo muchas veces que la probabilidad de que aquella noche hubiera dado frutos era imposible, pero los ojos verdes de su pequeño le hicieron ganarse su primera visita al hospital gracias a los golpes de Gael.

Unos ojos iguales de verdes que los del hombre que se encontraba frente a ella.

—¿Qué quiere de mí? —preguntó y sus labios temblaron pensando en que había sido descubierta.

Nadie podía saber que Evelyn estaba con vida.

Su pasado estaba muerto al igual que su antigua identidad.

—Vamos a casarnos, ¡¿tú qué crees?! Y sí, te casarás con Rob Ellison, ¿algún problema con eso? Tú quieres dinero, yo deseo una esposa, es un trato que nos beneficia a ambos. —Él la aferró del brazo para llevarla frente al juez, pero ella se deshizo de su agarre y negó con la cabeza.

—¡Yo no pienso casarme contigo! —gritó, enloquecida. Dio un paso atrás y después lo señaló—. Y menos con alguien como tú, además, ¡ya estuve casada una vez y no quiero repetir la experiencia! —En un impulso, por los nervios que sentía y por el recuerdo de aquella noche que por error pasaron juntos, alzó la mano y le dio un bofetón.

Lo hizo por rabia, por miedo y porque durante los cuatro años que duró su matrimonio, ella se preguntó muchas veces qué habría ocurrido si en lugar de marcharse, se hubiera quedado a esperar a que ese hombre despertara.

Tal vez su vida habría sido otra.

Nadie la obligó a elegir, la culpa de su destino terminó por ser de ella, pero él representaba todo lo que había perdido y no soportaba mirarlo.

Rob se llevó la mano a la mejilla golpeada y la miró con tanta ira que Eve se arrepintió de lo que había hecho.

Alzó los brazos para cubrirse el rostro antes de que el golpe de su puño llegara, pero nunca ocurrió.

—¡Estás loca! ¡¿Cómo te atreves a abofetearme?!

Eve dio un paso atrás, tragó el nudo que sentía en la garganta y negó con la cabeza.

—No puedo… Yo… ¡No voy a casarme contigo!

Se alzó el vestido para no tropezar y comenzó a correr.

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