Rob se vio sorprendido por Harrison cuando estaba en la cocina. Su primo lo miró de arriba abajo y aguantó la risa.
—No te burles —gruñó y continuó con su cometido que no era otro que servir la cena.
Por querer quedarse a solas con Evangelina, no había nadie en la casa que se ocupara de eso.
Estaba seguro que Harrison se estaba divirtiendo a su costa, pero no pensaba admitir que esa mujer provocaba que hiciera cosas impropias de él. Daba gracias a que su primo había pensado con la cabeza y había contratado más personal, porque a la vista estaba que él no estaba usando las neuronas, al...