—Y yo que pensaba encontrarte desarmándole el moño a Evangelina y te encuentro aquí encerrado… Leyendo, eso sí es toda una sorpresa —le dijo Harrison cuando fue a interrumpirlo a la estancia que había hecho su despacho.
Se había encerrado allí para no hacer frente a los sentimientos extraños que lo asolaban. Estaba demasiado confundido y no podía sacarse de la mente la imagen de Evangelina siendo abrazada por Billy.
Rob levantó la mirada del libro, se llevó el dedo índice a los labios, lo humedeció y pasó una página para continuar con su teatro.
—No sé a qué te refieres, ni qué moño de bibliotecaria ni qué tanta Evangelina...