Evangelina no se quedó esperando a que Rob regresara, engulló el desayuno como si fuera la primera y última comida de su vida y aprovechó que no había regresado para salir corriendo.
Apenas se hizo la hora de comenzar su trabajo se había quitado esa tontería de la mente de parecerle atractiva a su jefe y volvía a llevar el moño de bibliotecaria. Ese día se lo había puesto bien arriba, tieso, comprimido y que le estaba provocando una terrible migraña de tan apretado al cráneo.
Con el calor que hacía había decidido ponerse una rebeca pasada de moda y se la abotonó hasta el cuello. Nada de enseñar carne,...