Eve no podía dejar de disfrutar del agua del lago, era refrescante y todos sus pensamientos se habían adormecido.
Primero nadó hasta terminar de agotarse, pero después solo se quedó quieta, flotando boca arriba y observando el cielo.
En aquellos minutos que solo se dejó envolver por el agua, había dejado de pensar en esa horrible noche y su cuerpo se había relajado tanto que ya se sentía lista para regresar a casa.
De pronto, como si la calma se convirtiera en pesadilla, escuchó un ruido en la orilla y el sonido característico que hacía el agua cuando alguien se adentraba con una zambullida.
Quiso gritar, pero nada salió de...