—Y caperucita se metió en la cueva del lobo —susurró Rob muy cerca de sus labios.
Su cálido aliento le rozó la piel y reprimió un jadeo. Eve tembló por su cercanía y su piel se erizó. Su cuerpo se había puesto en su contra y parecía gritar que estaba necesitado de todas las sensaciones que ese hombre le provocaba.
—Yo… Yo no quería —intentó decir cuando la mano de Rob comenzó a acariciarle el hombro y continuó hasta sujetarle la nuca.
Quería negarse, salir corriendo, pero en aquel momento no había nada que deseara más que ser besada de nuevo por él. Sin fuerza de voluntad y sin saber...