Hacía unos veinte minutos que Rob se había marchado y Eve no podía dejar de temblar. Billy pidió que le preparan una tila y la empleada lo miró como si estuviera viendo la octava maravilla del mundo. La mujer se había quedado estática y para colmo con la boca abierta.
Su amigo gruñó al ver la reacción de la empleada.
—¿Dónde está la cocina? Ya lo hago yo —respondió frustrado al notar que la mujer estaba más pendiente del apuesto hombre que de lo que le había pedido.
—No… No, por supuesto ahora mismo la traigo. Perdón, me distraje —dijo y se dio la vuelta para comenzar a caminar rápido....