HENRY
Apenas había amanecido cuando ya iba de camino al gimnasio de Zac. Necesitaba una dosis de calma de la mano del viejo saco de box.
El lugar seguía cerrado y no abriría hasta en un par de horas, pero tenía un duplicado de la llave que me había concedido Zac. Ingresé y todo estaba en penumbras; busqué la llave y encendí sólo la lámpara de la zona donde me aguardaba mi viejo e incansable amigo.
Comencé a calentar, y luego de un par de minutos, mis golpes ya se encontraban con el saco de arena. Al terminar, completamente agotado, me duché en los vestuarios y salí más relajado. Cuando...