HENRY
Admití, de mala gana, que me estaba comportando como un completo crío y que la situación no ameritaba mi conducta infantil. Tenía que hacerme a la idea que ella no era mía, y que los asuntos que tuviese, tampoco tenía por qué informárselos a un simple asistente.
Mi móvil comenzó a repicar, pero lo ignoré porque no estaba de humor para conversar con nadie. Al segundo intento, el metro se detuvo, por lo que tampoco cogí la llamada por el tumulto de personas que se me vendrían encima si no apuraba el paso. Cuando salí del túnel que daba a las calles, volvió a sonar de manera insistente y,...