HENRY
—Mientes… —seguí caminando hacia ella, haciendo que retrocediera y su cuerpo chocara con uno de los muros del jardín delantero del restaurante. Coloqué mis brazos a ambos lados de su rostro, sobre la pared, apresándola—. Mientes, Camile. Nadie puede fingir por tanto tiempo. No puedes venir a decirme que habías planeado tenerme comiendo de tu mano, para que resolviera ese asunto por ti, cuando ni siquiera sabías que pasaría. Así que, ve buscando otra excusa, pero que sea válida, porque esa tampoco te la creo.
Nuestros alientos se enlazaron, hirviendo mi sangre. Sus piernas flojearon cuando mis ojos repararon su boca húmeda por las lágrimas. Sin poder evitarlo, mis...