Isis frunció el entrecejo al percibir ajetreo proveniente desde la jaula que yacía en medio del salón. La mirada de todos los presentes estuvo clavada sobre la estructura de acero.
Isis hizo un gesto con la mano a David para que se acercara a ella.
—¿Qué sucede allá? —inquirió, sin dejar de mirar la jaula.
—No lo sé, mi Señora —el hombre se encogió de hombros.
—Averígualo —le ordenó.
Carraspeó para aclararse la garganta, sonrió y continuó.
—Como les decía, damas y caballeros, el segundo artículo en subasta esta noche fue una preciosa pelirroja de veintiún años de edad, a la que podemos dirigirnos como J. Sus actividades predilectas fueron...