En el momento en que Avery abrió la boca y dijo las palabras, no fue consciente de lo que hizo. Actuó empujada por un impulso, por mera empatía. Fue incapaz de resistirse a ese estúpido sentimiento que se apoderó de su ser. Ese muchacho que estaba encadenado sobre la plataforma le trajo recuerdos de hace ocho años, cuando apenas era una novata, cautivada por todo aquello... Además, el chico era hermoso.
¿Qué rayos estaba pensando cuando dijo esa ridícula suma de dinero?
Pero ya no pudo retractarse.
—¡Trescientos cincuenta mil! —espetó una mujer que yacía sentada sobre un cómodo sillón, con una chica arrodillada a su lado y recostada sobre...