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Patrick se preguntaba qué secretos le esperaban en lo más profundo de aquel lugar. Sus emociones fluctuaban entre la curiosidad y el temor, pero su deseo de cambiar su situación económica era más fuerte que cualquier aprensión. No podía anticipar que la puerta que estaba a punto de cruzar desencadenaría una serie de eventos que transformarían su vida para siempre.
—Mi nombre es Isadora Gilmore, pero a partir de ahora, te referirás a mí como Isis —Patrick frunció el ceño—. ¿Por qué Isis? Porque, en la mitología egipcia, Isis es la diosa de todos los dioses, y eso, querido, es lo que soy en esta mansión: una jodida diosa —le aclaró—. Estás a punto de adentrarte en un mundo fascinante pero poco comprendido, y malinterpretado por muchos —la rubia hablaba mientras caminaba por un extenso y luminoso pasillo—. Permíteme explicarte. Aunque parte de las siglas BDSM sean sadismo y masoquismo, no se trata solamente de ejercer violencia, causar daño o hacer sufrir a las personas. Tampoco implica vestirse de cuero o látex todo el tiempo y utilizar fustas o látigos...
—Entonces, ¿qué es Cincuenta Sombras de Grey? ¿No se basa en el BDSM? —interrumpió Patrick.
Isis se detuvo en seco. David y Patrick también lo hicieron, quedando detrás de ella.
—Cincuenta Sombras de Grey no es BDSM —dijo—. Déjame aclararte algo. Si hay algo que le debemos a Cincuenta Sombras de Grey es que haya dado algo de publicidad al BDSM. Al menos, ya no es un tema tan tabú —la mujer retomó sus pasos—. Debo confesarte que me gustó la película porque cuenta una hermosa historia de amor, el típico cuento de hadas con un hombre rico y guapo que se enamora y, al mismo tiempo, la protagonista lo rescata de su tormento emocional. Sin embargo, lamentablemente, la autora no se documentó lo suficiente para tratar el tema como se merece. Si lo hubiera hecho, habría creado una obra maestra, un icono de culto para la comunidad BDSM. ¿Alguna vez has leído La historia de O?
—No —respondió Patrick.
—Entonces, si decides embarcarte en esta aventura, deberías leerlo.
Patrick escuchaba atentamente mientras continuaba siendo guiado por David.
»Uno de los errores más destacados de Cincuenta sombras de Grey es que Christian siente culpa y hasta asco por actuar como lo hace. En el BDSM, cada individuo tiene seguridad en sí mismo y está consciente de que realiza estas prácticas por placer", explicó Isis.
—Entiendo. No tengo mucha información sobre el tema. Solo vi un fragmento de la primera película porque mi hermana la estaba viendo y...
—Si a tu hermana le llama la atención el BDSM, deberías recomendarle algo del Marqués de Sade.
—Tiene diecisiete años. Solo vio la película porque le pareció atractivo el actor. En su momento, fue una de las críticas de los libros. Ella es más del tipo que lee Harry Potter, Las Crónicas de Shannara y Percy Jackson.
—Alguien debería escribir una versión para adultos de Harry Potter con elementos BDSM —sugirió Isis—. Sería interesante ver a Hermione Granger atada y amordazada.
La simple idea hizo estremecer a Patrick, pero no de manera agradable.
—Olvídate de todo lo que has visto y oído acerca del BDSM antes de llegar aquí. Créeme, la gente allá afuera tiene una idea muy equivocada sobre el BDSM.
Isis se detuvo al final del pasillo, justo frente a una puerta de madera. Giró ligeramente la cabeza y le dijo a Patrick:
—Ten cuidado al bajar.
Sin decir una palabra más, la mujer abrió la puerta y comenzó a descender por unas estrechas escaleras. Patrick asumió que eran de madera, ya que cada paso emitía un crujido que lo delataba. A medida que descendían, la tenue luz que se filtraba a través de la venda en sus ojos se hizo aún más débil. Un aroma a lavanda y humedad inundó las fosas nasales de Patrick. David lo hizo detenerse, lo cual indicaba que habían llegado al final de las escaleras. Le quitaron la venda, pero Patrick aún no podía distinguir nada, ya que la habitación estaba en penumbra.
—No veo nada —dijo él, intentando ajustar su visión.
Isis aplaudió dos veces y el lugar se iluminó. Patrick cerró los ojos de golpe, pero los abrió lentamente para permitir que sus pupilas se acostumbraran a la luz. La sangre se le heló en las venas al contemplar su entorno.
El suelo de madera estaba tan pulido que brillaba de manera antinatural. La habitación tenía alrededor de ochenta metros cuadrados, con paredes de piedra que le daban un aspecto de caverna. Estaba repleta de una amplia variedad de artículos utilizados para la dominación, hechos de cuero, cuerda, metal o marfil, trenzados, con pinchos o forrados de terciopelo.
Había látigos, potros de tortura, estantes llenos de vibradores y consoladores de todas las formas y colores imaginables. Una cruz de madera, conocida como la cruz de San Andrés, estaba fijada en una de las paredes, con cadenas y grilletes colgando de sus extremos. En un rincón sobresalía una estructura de metal, cuero y madera de la cual colgaban gruesas cadenas. Patrick supuso que era utilizada para atar a alguien y dejarlo suspendido en el aire. A su derecha, había una cama king size vestida con sábanas de seda roja. Había mordazas con cintas, bolas y anillas. En otro rincón, una silla que parecía más un trono, junto a una mesa para trampling, y cerca de esta, una silla similar a la que se utiliza en las consultas ginecológicas.
Fustas, varas, esposas, vendas, antifaces, anillos genitales, pinzas para pezones, bolas de acero y dilatadores llenaban la habitación, creando una colección escalofriante. Pero lo que más perturbó a Patrick fue la jaula suspendida del techo.
Patrick solo reconoció tres o cuatro cosas de todo lo que había allí. Tragó grueso al sentir cómo la mano de Isis se posó sobre su hombro derecho.
—Asumo que el empleo no es para mantener limpio este lugar ni mucho menos, porque creo que para eso estaba David —él giró despacio hasta quedar de cara a ella—. ¿Para qué me ha traído a este lugar?
—Efectivamente, para eso está David —la voz de Isis fue aterciopelada—. Él es mi... esclavo.
Patrick lanzó una mirada furtiva al mencionado.
—Pero nuestra relación no trasciende al ámbito sexual —explicó Isis—. Él es mi sirviente. Él me obedece ciegamente, y a cambio, yo le proveo todo lo que él desee.
—¿En eso consiste, verdad? —indagó Patrick—. ¿El trabajo?
—¿En qué? —Isis fingió ingenuidad.
—En ser su esclavo sexual —soltó Patrick, sin más.
La mujer chasqueó la lengua.
—De ser esclavo, sí. Mío, no —la rubia le dio una palmadita en la mejilla—. En treinta minutos llegó otro aspirante, así que trataré de ser breve contigo. El asunto era el siguiente —se dio la vuelta y se alejó de él para sentarse en la silla que parecía un trono—. Durante años había estado dirigiendo un club secreto, una comunidad BDSM llamada La Dinastía, y cada tres meses hacía un reclutamiento de...
—¿Reclutamiento? —Patrick la interrumpió y la miró con el entrecejo fruncido—. ¿Acaso tiene que ver con una red de trata de personas? —las alertas se dispararon—. Porque si es así, no estoy interesado en...
—Ten cuidado con lo que dices —Isis lo fulminó con la mirada—. Nadie te obligó a venir. Estás en todo tu derecho de irte en este momento, si es lo que deseabas. Nadie te va a retener en contra de tu voluntad. Pero pensaba que eras una persona de mente abierta, ¿o no? ¿Acaso eso no fue lo que me dijiste hace un momento?
—Sí, pero...
—Entonces cierra la boca y escucha —lo interrumpió—. Si cuando te diga todo lo que tengo que decirte, aun tienes ganas de marcharte, sin más, podrás hacerlo. Lo repito. Nadie te va a obligar a quedarte ni a hacer nada que tú no quieras.
Patrick respiró profundo, soltó el aire muy despacio y asintió con la cabeza.
—Como te decía —la mujer reanudó la conversación—. Cada cierto tiempo me encargo de inyectarle sangre nueva a nuestra comunidad. Digamos que soy la que le proveo nuevos juguetes a los miembros del club. Esta casa es un santuario de dominación y sumisión, donde trato de entrenar a quienes estén interesados en formar parte de nuestra exclusiva comunidad, en rol de sumisos. También asesoro a Amos y Amas —se puso de pie y se acercó a él—. Políticos, celebridades, empresarios, gente muy poderosa e importante a nivel mundial, figuran entre nuestros miembros más destacados. Te sorprendería saber la cantidad de dinero que están dispuestos a pagar, por disfrutar de los placeres junto a una persona dispuesta a aprender...
—¿De cuánto dinero estábamos hablando? —inquirió Patrick.
—¡Vaya! Hasta que por fin, hablamos el mismo idioma —Isis dejó escapar una risita—. Cifras de cuatro, cinco y hasta siete dígitos. Un monto específico, no te sabría decir. El pago por los servicios de un sumiso, los pone el mismo sumiso, dependiendo de su disposición a dejarse guiar, su disciplina y la entrega que demuestre tener con su Amo...
—Entonces, usted es, lo que se conoce vulgarmente como, una proxeneta —tuvo la osadía de decirlo en voz alta.
Isis guardó silencio por unos segundos, sopesando lo que Patrick acababa de decir. Sonrió con algo de ironía.
—¡Vaya que eres irreverente! —profirió—. ¿Te han dicho alguna vez que esa lengua tuya terminará metiéndote en un apuro?
Patrick movió los labios para objetar algo, sin embargo, la mujer no lo dejó hablar.
—Si quieres ponerle un nombre a lo que hago, adelante, hazlo —comentó Isis—, pero déjame aclararte algunas cosas. Un proxeneta no se preocupa por el bienestar de sus empleados, solo los explota a fin de obtener beneficios económicos. Yo te ofrezco un empleo, muy bien remunerado, porque mis clientes no son psicópatas que andan por la calle, en busca de alguien a quien atormentar con fantasías retorcidas. Cada uno de los miembros de mi club, debe presentar exámenes médicos semestralmente, para descartar que padezca alguna enfermedad de transmisión sexual o alguna condición mental, que ponga en riesgo la integridad física o psicológica de alguna de las partes involucradas en una relación BDSM. El Amo, tanto como el sumiso, deben...
—Tan solo por aclarar —la interrumpió—. ¿Cuando dice Amo, se refiere netamente a hombres? Porque no me gustan los hombres, así que no tengo ni el mínimo interés de ser la perra de un gordo magnate, ni por mil millones de dólares.
Isis estalló en una sonora carcajada.
—Me inquieta mucho lo irreverente que eres. No obstante, en ti veo un diamante en bruto, un precioso cisne entre un montón de patos, a la espera de ser descubierto. Y para serte honesta, eres un hombre muy guapo. Muchas estarían dispuestas a pelearse el privilegio de tenerte.
—¿Pelearse el privilegio de tenerme?
—Hablo de una subasta, Patrick; una en la que los participantes están dispuestos a pagar sumas de hasta siete dígitos —hizo un ademán con las manos para graficar sus palabras—. Te veo, Patrick, como el consentido de muchas de mis más cercanas amigas y...
—A mí me inquieta pensar —volvió a interrumpirla—, que aunque usted trate de disfrazar lo que me dice, con palabras bonitas, esto no deja de ser prostitución...
La rubia entrecerró los ojos, lanzando una advertencia con un gesto desafiante.
—Los prostitutos se ven obligados a trabajar por un pago miserable, pasando cada noche con una persona diferente y arriesgándose a toparse con un asesino serial, solo para acabar en la primera plana de la sección de sucesos del periódico local. Lo que yo te propongo es servir a una sola persona, con todas las garantías óptimas y la seguridad de tener una paga suficiente para vivir como un Rey, disfrutando de numerosos beneficios que un simple prostituto jamás tendría —expresó Isis con convicción.
Patrick, con una sonrisa socarrona en su rostro, comentó:
—Ya entiendo por qué me hizo firmar ese dichoso contrato. Esto es ilegal, no importa cómo lo quiera disfrazar. Esto es prostitución.
Isis se alejó de él y se dejó caer sobre su trono, expresando decepción:
—Me decepcionas, Patrick. Eres igual al resto del mundo, aquellos que se escandalizan por personas como yo, que disfrutamos del sexo de manera distinta. Eres igual a esa multitud mediocre que se reprime en sus alcobas, que tienen matrimonios infelices porque son incapaces de ofrecer una buena felación a sus maridos o un buen cunnilingus a sus mujeres...
Patrick frunció el entrecejo confundido:
—¿Fela... Cunni qué?
Isis exhaló con exasperación:
—¡Oh por Dios! Felación significa lamer, chupar... Succionar vergas —Patrick hizo una mueca de asco—. Y el cunnilingus es lo mismo, pero con vaginas. ¿Lo has entendido o necesitas que busque un pedagogo para que te lo explique?
—¡Vale! Ya entendí —respondió Patrick con determinación. Le molestaba la gente que abusaba del sarcasmo.
Isis continuó su interrogatorio:
—¿Has estado con alguna mujer?
La pregunta tomó por sorpresa a Patrick, quien reaccionó con hostilidad:
—¡Claro que he estado con una mujer! De hecho, he estado con casi una docena de mujeres —mintió, ya que solo había estado con dos en toda su vida.
Isis levantó una ceja, incrédula:
—¿Y no sabes qué es el cunnilingus?
Patrick respondió con brusquedad:
—No manejo esos términos, ¿vale?
—Como sea, creo que estamos llegando a un callejón sin salida. Veo que no estás interesado en ganar más dinero del que puedas imaginar, así que no me queda otra opción que pedirle a David que te muestre el camino hacia la salida —dijo la rubia mientras se ponía de pie y se encaminaba hacia las escaleras—. Debo prepararme para recibir a alguien que, seguramente, sí está interesado en...
—No he dicho que no me interese —interrumpió Patrick—. Solo estoy expresando mi opinión al respecto.
Una sonrisa victoriosa se dibujó en los labios de Isis. Siempre obtenía buenos resultados con la psicología inversa. No dijo nada y permaneció allí parada, esperando.
—¿Qué es lo que tengo que hacer? —preguntó Patrick.
—Para empezar, demuéstrame qué tan obediente eres y ponte de rodillas.
Patrick no respondió. No sabía qué hacer. Nunca había sido del tipo de persona que se somete ante otros. No tenía ni idea de lo que implicaba convertirse en un esclavo sexual. Miró el suelo, debatiéndose entre obedecer o no.
—A la mierda —murmuró entre dientes.
Finalmente, se puso de rodillas.
Isis no necesitó girarse para asegurarse de que Patrick había hecho lo que le había pedido. Al final, la gente siempre hacía lo que ella quería.