Aunque Derek limpió y cubrió sus heridas, eso no le ayudó a mitigar ni un poco el dolor. Sentía como si en cualquier momento, la piel de su espalda se desgarraría y caería en pedazos al suelo.
El dolor físico, mezclado con el dolor que llevaba dentro de su alma, la hizo llorar copiosamente.
De nuevo estaba inmovilizada, suspendida en el aire, pero esta vez, eran cuerdas las que la mantenían atada, a la vez que sintió el aliento de Derek muy cerca de su rostro.
Avery cerró los ojos con fuerza, mientras sintió como un par de dedos escudriñaban su intimidad. Por instinto, trató de moverse, pero no pudo....