Me desperté sintiendo unos labios cálidos en mi frente.
Los dedos de Mateo acariciaban mi mejilla y me quedé paralizada.
Tragué saliva cuando sus intensos ojos se encontraron con los míos.
—Estaré de vuelta antes de que te des cuenta, prepárate para las 4, te llevaré a una cena familiar —dijo.
Me incorporé y apoyé la cabeza en el cabecero.
—¿Q-Qué debería ponerme? —pregunté.
Él me besó en los labios con fuerza y se apartó. Me sonrojé y él sonrió al notarlo.
—Ya he elegido algo para ti; está en la bolsa negra... —dijo, señalando hacia el armario.
Asentí.
Me besó una vez más antes de salir por la puerta....