—Es... el señor Mateo... está en... una mala condición y está pidiendo por usted.
Inmediatamente me puse rígida.
—¿Qué pasó? —pregunté.
Ella tomó mi mano y me condujo hacia la puerta. Di un respingo cuando mis ojos se posaron en él.
—Señorita... ¿nos da permiso para acostarlo en la cama de su habitación? —preguntó uno de los hombres que lo sostenía.
Asentí y subí corriendo las escaleras mientras los dos hombres lo llevaban.
—¿Cómo... qué pasó? —pregunté, mirándolo con preocupación.
Me sorprendí de mi propia reacción al arrodillarme en el suelo y sujetarle el rostro.
—Fue inesperado... le disparó Allan... el hijo de Reed.
Mis ojos se abrieron de par...