—Papá —susurré al verlo en la sala.
Inmediatamente corrí hacia él y lo abracé con fuerza.
—Alma, ¿cómo estás? —dijo.
Me aparté un poco y una lágrima se me escapó.
No…
No estoy bien.
—Estoy bien, papá. ¿Estás tú bien...? —pregunté. Él asintió.
Sus ojos se posaron detrás de mí.
Me di la vuelta y vi a Mateo bajando las escaleras mientras se abotonaba el blazer.
Se veía diferente.
Realmente está atractivo con ese blazer azul marino.
ESPERA, CÁLLATE, ALMA…
ÉL ES UN ASESINO, Y UN MURDERADOR.
DEJA DE PENSAR EN ÉL.
Él me miró y luego miró a papá.
—Hoy los acompañaré a los dos, ¿nos vamos? —dijo mientras...