—Hola —dijo Ken por teléfono.
—Hey...
—Así que... umm... sé que Mateo nunca te lo va a decir... así que lo haré yo... hoy es su cumpleaños.
¿Eh? ¿Así que nació...? Oh, ¿nunca salió del infierno? Cállate, Alma...
—¿Qué? ¿¡Hoy!? ...¿y me lo dices a las 12 del mediodía? —lo regañé.
—Lo siento... nunca lo celebra bien... no le gusta que le feliciten, pero... quizás le gustaría si lo haces tú —afirmó.
¿Me estás lanzando al ring de boxeo, Ken? Si no le gusta que lo feliciten... entonces no lo haré... Simple.
—Gracias por decírmelo... —respondí, añadiendo sarcasmo.
—Sí... adiós —y colgó.
No me importa si es su cumpleaños... no...