Nerviosa, mantuve ambas manos en su pecho y miré hacia abajo.
Levantando la mirada hacia sus ojos, hablé.
—Aunque él ha hecho algo malo... no... no merece... morir... por favor —dije.
Él apretó la mandíbula y bajó su arma.
—Llévenlo al sótano —ordenó Mateo.
—Espera —su voz retumbó de nuevo.
Solté un grito ahogado al escuchar un disparo.
Miré hacia atrás a James y lo vi congelado.
Mis ojos se abrieron de par en par.
—Ese fue un disparo de advertencia... la próxima vez no dudaré en matar —dijo Mateo.
Arrojó su arma a un hombre que la atrapó y me sacó de la oficina.
Me llevó al dormitorio y...