Pero él simplemente se rio entre dientes y me miró con ojos divertidos. Parecía como si cualquier cosa que dijera hoy no arruinaría su estado de ánimo, porque todavía seguía mirándome con esa enorme sonrisa... todo porque había accedido a tener una cita con él.
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Hasta ahora, la cita había ido sorprendentemente bien y hasta me la estaba pasando bien. Qué sorpresa, ¿verdad? La cita que había preparado era totalmente cursi y romántica, pues condujo por más de una hora hasta la playa, donde había preparado un pícnic sobre un despeñadero desde el cual se podía ver todo el mar.
A pesar de lo cliché y cursi que me...