Yo verdaderamente me quedé sin palabras y, abrumada por las emociones, musité: "No te creo".
Pero, de pronto, él me tomó de la mano y me llevó hasta el auto, y sin decir palabra, condujo a toda prisa.
"¿Chase? ¿Qué estás haciendo?".
"¿A dónde me llevas, Chase?".
"¿Qué está pasando? ¡Contéstame!".
No obstante, todas mis preguntas cayeron en oídos sordos. Finalmente, llegamos hasta la casa de su manada, e ignorando las miradas confusas y asombradas y los susurros de los demás miembros de la manada, él me arrastró hasta el ático, que si mal no recuerdo, siempre ha sido un área prohibida para todo el mundo, excepto Chase. Ni siquiera...