—Bueno, él lo manejó mejor de lo que pensaba —escuché su sonrisa divertida, aunque me di cuenta que, al igual que yo, estaba sorprendida por la calma con la que Hunter se había acercado a mí. Por Dios, había pensado que si iba a volver loco, pero se las volvió a arreglar para que mi corazón diera un vuelco por su dulzura. Realmente estaba derribando mis barreras a toda velocidad y eso que me tomó años construirlas.
—No eres la única—, murmuré mientras agarraba mi bebida para abrir el pequeño y molesto empaque donde estaba el popote, después lo clave en la caja para tomar un largo sorbo. No pude...