Los días fueron pasando en cámara lenta, o por lo menos se han vuelto una tortura de la cual no quiero seguir haciendo parte. Drake no deja de querer seguir mis pasos, poniendo como excusa esas palabras baratas de amistad que siempre me dice. En la universidad, en la casa, en la calle, incluso en el lugar que lo consideraba como un escape de realidad, tiene que aparecer a arruinar mis momentos de tranquilidad. Me tiene harta esa sombra que me persigue desde ese primer pensamiento para nada agradable que tuve al verlo con el torso desnudo y su amiguito bien despierto. Desde entonces me he vuelto una completa estúpida...