—¡¿Qué demonios te pasa?! — me enderezo, dándome vuelta y acomodando el pantalón en su lugar.
La rabia hacia ebullición en mi interior. ¿Cómo se atreve a golpearme ese mal nacido? En primera, ¿por qué hice tal cosa? ¿Por qué demonios me dejé llevar por esa rabia que me nubla la mente? Mi idea era una completamente diferente, no que este desgraciado se aprovechara del momento y me cacheteara de esa manera tan ruda y descarada.
—¿Eso no era lo que querías? — esboza una sonrisa tan cínica como maliciosa—. ¿Quién te entiende? Fuiste tú quien puso el cul...
Le hago tragar sus palabras con una fuerte bofetada que le...