—Hola pequeña.
Cora nos guiñó un ojo moviendo la frente mientras caminó hacia atrás mirando hacia frente y tiró de las cuerdas en su mano.
Esas cuerdas de las que tiró conectaban el pasillo con Dios sabe qué. Ni siquiera sabemos dónde termina.
Gia, que estaba a mi lado, comenzó a reír —¿Quieres decir que estás perdida, querida? —bromeó y le gritó a Cora, que parecía estar muy desorientada en su tarea.
Ella se detuvo en seco con las cuerdas en sus manos —Ah, tienes razón. Ni siquiera soy buena haciendo estas mierdas y tampoco sé qué diablos estoy haciendo.
Entonces, dejó caer las cuerdas al suelo y caminó hacia...