Mis amigas bromeaban mientras caminábamos hacia la parada del autobús para regresar a nuestras casas. Entretanto yo seguía pensando en mi compañero de ojos verdes, quien según dijo no podía estar conmigo, pero tampoco quería rechazarme.
Mis hombros permanecían caídos, por lo que debía parecer una triste zombi ante cualquiera que me viera. El súbito sonido de un claxon me hizo dar un brinco y, cuando volteé a ver, ahí estaba Evan saludándonos.
"Suban muchachas, las dejaré en sus casas", dijo. "¿Pero no llegarían tarde a lo que tienen que hacer en la frontera?", preguntó Gia levantando la ceja. "Súbanse al auto, los deberes pueden esperar", entonces las tres subimos al coche, gritando de felicidad.
'Auu, por esto me gustaría tener un hermano', comenté con Alera.
Estaba a punto de acomodarme en el asiento trasero, pero desafortunadamente las otras dos se me adelantaron. Justo cuando me iba a subir, el Ford de Jay pasó junto a nosotros con las ventanillas abajo y, como de costumbre, los ojos de Matteo se cruzaron con los míos. Ahora su mirada era de desaprobación.
"Uf". Lo miré poniendo los ojos en blanco, subiéndome al asiento de adelante. 'Bueno, ya que no somos nada, no puedes mirarme así; ¡fuera de aquí, compañero!', dije para mis adentros.
Evan nos dejó a Cora y a mí en casa, sin dramas, ya que no existe nada sospechoso entre nosotros; prácticamente él ya tiene una compañera por ahí. Dijimos gracias y nos despedimos. Alera seguía ronroneando dentro de mi cabeza, y eso me estaba molestando mucho en ese momento.
Cuando giré para entrar lo vi parado detrás de un árbol cercano. 'Fuera de aquí'. '¡No no no, yo quiero a nuestra pareja!', aulló Alera.
"¿Estás bien?", preguntó Cora preocupada, una vez que ya estábamos adentro de la casa. Como mis padres aún no habían llegado, decidí ir con él; obviamente por mi loba, no por mí. '¡Sí! Sigue mintiéndote a ti misma'. Alera seguía molestando en mi cabeza, pero simplemente la ignoré.
"Estoy bien, solo necesito correr un poco", le respondí a Cora, tirando mi bolso sobre la mesa. "¡Cierra la casa!", grité antes de salir, luego fui en dirección del árbol.
Cuando llegué junto a él, no dije nada, simplemente cambié a mi forma de loba y corrí hacia adelante. Es necesario decir que cuando estoy en esa forma, todavía tengo cierto control sobre nosotras dos; sobre mí y sobre Alera.
Él me siguió hasta que estuvimos a solas en lo profundo del bosque, sin nadie que nos escuchara o pudiera molestarnos. Al ver que me detenía, él fue detrás de un árbol y me arrojó una camisa, que por cierto era demasiado grande. Cuando él se dio la vuelta yo cambié de nuevo a mi forma humana y deslicé rápidamente la prenda sobre mi cabeza. Esta se ajustó perfectamente a mi cuerpo y me quedó a solo cuatro centímetros por arriba de mis rodillas.
Crucé los brazos al frente para taparme el pecho y dije: "¡Habla! ¿Por qué estás aquí?".
Entonces él gruñó y ese sonido hizo eco a través de la madera de los árboles.
"¿Qué te pasa? Solo quiero saber por qué viniste a buscarme y cómo supiste dónde vivo".
Pensé que me iba a estrellar contra un árbol, estrangularme o algo como lo que he visto en las películas de hombres lobo, pero en lugar de eso volvió a gruñir, luego arrancó el tronco de un árbol del suelo y lo arrojó lejos de nosotros.
"No me pongas a prueba. Por si lo olvidaste, te lo recordaré: soy el próximo Alfa, así que conozco a cada miembro de las familias de nuestra manada y dónde viven. Bueno, excepto a ti. Solo sabía que Lyndon y Mia tenían una hija, pero nunca vi tu rostro hasta el día del centro comercial". Mientras hablaba, daba vueltas a mi alrededor.
Nunca escuché que alguien nos diera esa información, al menos en la escuela, pero era bueno saber que el hijo de Alfa no estaba durmiendo y hacía su tarea.
Me había relajado un poco, pero el solo hecho de verlo aceleraba el ritmo de mi pobre corazón.
"¿Por qué te subiste a su auto?", gruñó. "Disculpa, pero me subiré al auto de quien quiera cuando yo lo deseé. Siempre y cuando no sea el tuyo o el de un Beta espeluznante que anda buscando hacer amigos".
"Estoy así de cerca de perder la paciencia contigo", dijo mirándome fijamente.
"Ay, bro, ya la perdiste, solo tienes miedo de que le cuente todo a tu padre. Solo imagínate lo que pensará la manada cuando sepa que el hijo del Alfa abusa de su pareja", dije lanzando las manos al aire.
"Oh, ¿así que ahora somos hermanos?", preguntó enseñándome los colmillos
"¿Cómo? ¿Qué quieres que seamos? Quiero decir, ¿qué somos? No eres mi amigo, no somos amantes y si pensaste que te llamé hermano, no fue así. Solo te dije 'bro', que es una forma de hablar. ¡Ah! Olvidé mencionar pareja, cariño. Porque esa opción ya expiró. ¡No fue y no será!", dije con los brazos sobre mis caderas y una expresión de furia en el rostro.
Él no se movió, ni tampoco gritó; simplemente se quedó allí parado, sin emoción alguna en el rostro.
Después de unos segundos, suspiré derrotada. "Mira, no sé lo que quieres de mí, o por qué estás haciendo esto, pero creo que sería mejor que dejaras de hacerlo. Si prefieres quedarte con tu novia, olvídate de que nos conocimos y sigamos con nuestras vidas en paz".
¡Sí! ¡Era cierto! No necesitaba oír sus razones, porque en el fondo de mí existía una sensación de miedo; no quería escucharlas, aunque una parte de mí ya las sabía. Comencé a alejarme dejándolo atrás, cuando sentí un dolor que atravesaba mi pecho. Lo miré caer al suelo y vi que él también estaba sufriendo.
'¿Qué está pasando?', le pregunté a Alera, pero ella estaba aullando. De inmediato, sonaron otros aullidos, no de uno solo, sino de muchos lobos y venían desde muy lejos.
Cuando se calmó, lo escuché murmurar: "¿Mi padre?". Él hizo una pausa, tomó aliento y agregó: "¡Pícaros!".
Miré a mi alrededor alarmada, pero no había nadie ni siquiera un olor. De repente, me golpeó un pensamiento... ¡Mis padres! Empecé a entrar en pánico, porque no los había visto desde la noche anterior.
Giré para correr de regreso a casa, pero alguien saltó frente a mí bloqueándome el paso. Me miraba a los ojos con intensidad y supe que era su lobo.
De repente, él me invitó a subirme en su espalda y lo hice. En ese momento, el sentimiento que tuve la primera vez que lo vi me golpeó de nuevo. El mismo que aumentaba el ritmo de mi corazón y que disipaba todos mis miedos haciéndome sentir segura.
Sin embargo, él no me llevó a casa, sino que fuimos directamente a la de nuestra manada. "¡Mis padres...!", exclamé. 'Están aquí', dijo su lobo enlazándose con Alera, quien me transmitió el mensaje.
Después de eso, los llamé 'Mamá, papá', repetí tratando de enlazarme con ellos a través de la mente, pero nadie me respondió. Olfateé y me llegó un aroma a sangre. 'Oh, Alera, esto no es nada bueno, así que mantente alerta', dije mientras daba pequeños pasos hacia la puerta sin hacer ruido. Matteo se adelantó para abrirme el camino.
Entonces vi una gran cantidad de gotas de sangre en el suelo. Giré la perilla, ya que él todavía estaba en su forma de lobo. Al ver lo mismo que yo, él también lo encontró muy extraño. Cuidadosamente, avancé paso a paso siguiéndolo. Al entrar en la sala, un aullido me hizo saltar y me puse alerta, lista para cambiar mi forma. Pero no lo hice porque me llamó la atención un hombre lobo con el torso desnudo, quien estaba parado a media habitación en actitud defensiva.
Al entrar, Matteo estaba listo para atacar y le gruñó a ese hombre, pero se contuvo cuando una mujer elegante, que venía junto a mi madre bajando las escaleras, le ordenó que se tranquilizara.
En ese momento, yo corrí para meterme entre los brazos de mi mamá y la apreté muy fuerte. Luego me retiré un poco para ver su cara y las lágrimas estaban a punto de brotar de mis ojos, pero no alcanzaron a salir porque vi a dos lobos machos sin camisa con un aura fuerte a su alrededor.
'¡Maldita sea! Ahora me toca abanicarme. ¡Detente!', gritó Alera dentro de mi cabeza.
'Oh, diosa de la luna, esto se está poniendo cada vez mejor, más te vale que no me lo prohíbas. ¡Esos abdominales! ¡Maldita sea!', bromeé con ella.
Inmediatamente, escuché un furioso 'cállate' de parte de Alera, lo que me causó risa y me burlé.
'Aunque no sepa qué somos Matteo y yo, ya ni siquiera me importa', pensé sin poder quitarle los ojos de encima a esos dos machos.