Chapter 5 Pareja fugitiva

Chapter 5 Pareja fugitiva

Fue casi una eternidad la que pasé mirando esos ojos verdes, que ahora sé que eran los de mi pareja. No podía distinguir ninguna emoción en su rostro como para entender lo que él estaba pensando, a pesar de que nuestros lobos se abalanzaban uno sobre el otro.

El chico de los ojos verdes se quedó parado, como si esa cosa del vínculo no lo afectara en absoluto. Éramos dos personas destinadas a ser compañeros, pero parecíamos estar a kilómetros de distancia el uno del otro.

"¿Estás bien?", dijo alguien tronando sus dedos frente a mi cara. Entonces mi mirada se movió hacia ese intruso que me estaba despertando de un estado de ensoñación y, en cuanto lo hizo, empecé a morirme nuevamente de frío.

Mi loba seguía aullando adentro de mi cabeza llamando a su compañero, mientras yo gimoteaba: '¡Qué frío!'.

"Gracias por cuidar a mis amigas", dije frotándome las manos para calentarlas. "Y gracias por llamar para que viniera por ellas, pero no vayas a salir con que te debemos algo. ¡Así que nos vemos!", dicho eso, corrí de regreso al coche sin mirar atrás.

Subí rápidamente al auto y arranqué el motor para desaparecer de allí. Primero fui a dejar a Gia a su casa, donde su hermano Evan ya la estaba esperando para meterla a escondidas por la puerta trasera. Luego volví a casa esperando que mis padres no hubieran regresado todavía. Cora iba dormida en el asiento trasero

Mi casa estaba a oscuras, excepto por las luces que dejé encendidas cuando me fui; la del porche delantero y la de la cocina. Mis padres no habían llegado, así que ayudé a Cora a salir del auto y la metí en la casa. Luego la aventé sobre la cama de la habitación de invitados.

"En serio, Cora, ¡cómo pesas!", murmuré muy bajito mientras trataba de recuperar el aliento. 'Bueno, mejor díselo cuando se despierte', replicó Alera. Entré en mi recámara y me dejé caer sobre la cama, con la mente puesta en él.

Sé que salir corriendo de allí no fue una buena idea, pero definitivamente era mejor que esperar a que los demás se dieran cuenta de lo que nos estaba pasando. Estoy segura de que ninguno de los dos sabía qué hacer con el otro.

Al día siguiente, cuando me levanté ninguno de mis padres estaba a la vista. No había nadie a excepción de Cora, quien, con el uniforme puesto, estaba tomando su café sentada en la mesa de la cocina. Yo también estaba lista para irme a la escuela.

"¡Buenos días!", me saludó sonriendo ampliamente. Sabía lo que estaba pensando, pues no había duda de que esa era la sonrisa de alguien que se sentía culpable por lo de la noche anterior.

"Buenos días. Supongo que hoy nos toca ir en el autobús", respondí.

"¿Y entonces?". La sonrisa nunca abandonó su rostro.

"¿Entonces qué?". Me hice la tonta y fingí no saber de qué estaba hablando.

"¿Quién me trajo a casa?".

"¡Cielos! Creo que deberías volver a llamar a Jem. ¡Pobre tipo...! Literalmente le gritaste que te acostaste con alguien". Mentí sin dejar de ver su rostro, esperando su reacción.

"¡Jem!", balbuceó buscando a tientas su teléfono y comenzó a llorar. Está bien, esa reacción no era la que esperaba.

'¡Uh uh! Movimiento equivocado', dijo Alera golpeándose la frente. Entonces me eché a reír tratando de que Cora se tranquilizara.

Ella volteó a verme extrañada. "No es cierto. No pasó nada, solo te traje a casa", expliqué riéndome. Ella secó rápidamente sus lágrimas y saltó del asiento para ir tras de mí, mientras yo sostenía mi bolsa para defenderme en caso de que quisiera golpearme. Corrí hacia la puerta, para salir volando de la casa.

A pocos pasos de allí, me paré para mirar hacia atrás y la vi luchando con la puerta tratando de cerrar. Estaba desesperada por alcanzarme.

"Te odio", gritó a todo pulmón.

"Ah, cariño, eso no es lo que me dijiste anoche". Ya casi habíamos llegado a la parada del autobús y ambas estábamos exhaustas.

Toda su ira se había extinquido. "No te atrevas a hacer eso otra vez", dijo tratando de jalar aire.

"Solo si prometes no emborracharte cuando tienes clases al día siguiente", contesté entre risas. Ella estaba resoplando como loca mirando hacia otro lado.

En ese momento un Ford se detuvo a nuestro lado. "¡Ey, ustedes dos! ¿Necesitan un aventón a la escuela?". Eran los mismos de anoche.

"Soy Jay", dijo uno de ellos, quitándose unos lentes oscuros. "Pronto seré Beta".

'Qué narcisista', comentó Alera tirándole puñales adentro de mi cabeza.

"Y yo no", dije en voz alta enderezando la espalda. Entonces su amigo aulló.

De pronto, el que iba sentado en el asiento trasero bajó la ventanilla y su olor invadió mis fosas nasales, igual que la noche anterior. Entonces agarré a Cora, quien todavía estaba tratando de recuperar el aliento, y la puse frente a mí como si fuera un escudo, para esconderme atrás de su espalda.

"¿Qué diablos, Adassah?", exclamó mi amiga mirando a Jay y su rostro se llenó de disgusto. Si supiera que no es de él de quien estoy tratando de esconderme. Bueno, de cualquier manera, el otro chico ya me había visto.

"¡Au!, ¿quién eres?", dijo Cora fingiendo ser una de esas rubias tontas como las de las películas que para todo dicen "Auch". Y el que estaba sentado en el asiento del pasajero puso una cara de lástima.

Mientras tanto yo estaba mordiéndome el labio inferior, al tiempo que trataba de verlo y me di cuenta de que él tampoco dejaba de mirarme a la cara. Junto a él estaba la misma chica de anoche.

"Entonces, qué dicen, ¿se suben o no?", preguntó Jay coqueteando y juro que Alera seguía fingiendo vomitar en mi cabeza.

De pronto, el autobús se detuvo en la parada, y yo tomé la mano de Cora para jalarla y subirnos juntas.

"¡Ni que estuviéramos locas! No, gracias", dije subiendo rápidamente al autobús, arrastrando a mi amiga conmigo.

De inmediato arrancó el autobús y nosotros fuimos a sentarnos apresuradamente en los asientos del fondo. Yo respiraba con agitación, y puse la mano sobre mi pecho tratando de calmarme. Cuando volteé hacia el lado, vi que su auto se deslizaba a la par del camión, con todas las ventanas abiertas. Yo traté de evitar sus miradas, especialmente las del chico del asiento trasero.

Entonces Cora volteó a verlos, luego me miró a mí con los ojos entrecerrados y una ceja levantada. "¿Por qué te están mirando fijamente? ¿Tú...?".

"Nop", contesté girándome hacia el frente mientras podía sentir el lado izquierdo de mi cara ardiendo. "¡No lo hice! Y no tengo idea de por qué están mirando".

'¡Auuu! Creo que nuestro compañero nos quiere', aulló Alera, quien no podía calmarse.

'¡Ay Dios! Estamos perdidas', pensé bloqueando a mi loba. Luego pensé para ella: '¿Sus miradas significan algo? ¡No me parece!'.

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