Chapter 9 Un día agitado

Chapter 9 Un día agitado

"Tú no lo salvaste de los Pícaros", dijo mi mamá sin previo aviso, mientras iba conduciendo el auto. ¡Ni siquiera era una pregunta!

Regresamos a casa nosotras dos, ya que Cora se fue con su hermano, prometiendo que volvería la siguiente semana.

Sin saber qué contestar, tosí discretamente y me acomodé en mi asiento. "Ni siquiera te molestes en mentir", continuó ella elevando la voz con un tono de advertencia.

"Tienes razón, mamá, yo no lo salvé", respondí derrotada y suspirando.

No tenía sentido mentir, ya que se trataba de mi madre, quien es cierto que confía en mí, pero tiene unas excelentes habilidades como detective. Así que, si alguien miente y ella descubre la verdad, no tendrá caso que el mentiroso se moleste en ponerle la mejor de sus caras.

Créanlo, no querrán verla en uno de sus días malos. En definitiva, mi mamá no tolera las mentiras.

"Él te gusta", dijo dándole vuelta al volante para entrar en la calle donde vivimos. "¡No mamá!", negué rápidamente, tratando de no sonar sospechosa.

"Entonces, ¿qué está pasando entre ustedes dos?". Sabía que ella no lo olvidaría.

"Como dije antes, me topé con él cuando salí a correr". Ella tamborileó sobre el volante con los dedos y asintió lentamente con la cabeza "Está bien, pero si la verdad sale a la luz, jovencita, sabes que no te escaparás fácilmente".

"¡Mamá!", gemí echándome hacia atrás sobre el respaldo del asiento. ¡Genial! Mientras ella no se enterara todavía, todo estaría bien. Solo necesitaba tiempo para mí misma, así podría pensar en ese asunto.

Mi papá no volvió a casa esa noche y, al quedarnos solas nosotras dos, platicamos largo y tendido durante la cena. Cuando pregunté por qué la manada siempre necesitaba a papá, ella contestó que era un gran guerrero. No obstante, había una parte de mí que sabía que algo no encajaba del todo.

Al día siguiente desperté temprano y me llenó de alegría encontrar a mi papá sentado al lado de mamá en la cocina. Se veían tan adorables que deseé tener una relación como la de ellos algún día.

Al pensar en eso, mi mente proyectó esos ojos verdes arruinando mi buen humor.

"Buenos días, cariño", saludó él acercándose para darme un beso en la frente, lo cual distrajo mi mente de cualquier sentimiento no deseado. Yo respondí abrazándolo fuertemente por la cintura. "Buenos días, papá".

"Auuu tu padre es tu favorito, ¿eh?", exclamó mamá fingiendo un dolor en el pecho de manera dramática. Eso ocasionó que mi papá extendiera el brazo para atraerla hacia nosotros. "Ustedes dos son mi vida, chicas", murmuró él aferrándose a nosotras, como si esa fuera la última vez que estaríamos juntos.

Cada vez que tenemos un momento como ese, no quiero que termine, sino quedarme así para siempre. Estuvimos abrazados por un minuto más, antes de tomar nuestro desayuno. Luego partí con mi papá hacia la escuela.

Mi día fue muy aburrido sin mis dos amigas, pues ninguna de ellas fue ese día. Así que, básicamente, era solo yo dando vueltas por mi cuenta. Cuando dio la hora del almuerzo fui a la biblioteca, lo que sorprendió a la encargada, ya que me veía allí por primera vez en la historia de mi vida escolar.

Normalmente no estudio en la biblioteca, ya que me siento más cómoda haciéndolo debajo de la sombra de un árbol, echada en el pasto con mis amigas o en un rincón apartado de la escuela. Pero como ese día ninguna de ellas estaba presente, la biblioteca fue la única opción que encontré.

Mirando a alrededor descubrí a Quinn y a las otras chicas de primero haciendo escándalo en torno a ella. Se veía muy alegre y utilizando mi excepcional audición lobuna pude escuchar todo lo que hablaban. Platicaban acerca de su novio, el próximo Alfa, y de sus amigos.

A Alera no le hizo bien lo que escuchamos, pues ella se llenó de celos en ese momento. Exhalé un largo suspiro, me puse de pie, agarré mis libros y salí de allí para encontrar un árbol donde sentarme a estudiar.

Hoy fue uno de esos días en los que te sientes como si estuvieras borracha y que todo lo que aprendiste en clase fue que ya terminó. Estuve mirando el reloj todo el tiempo, pensando que así darían las tres de la tarde más rápidamente y podría ir a casa.

Justo cuando pensé que la escuela había terminado, mi maestra anunció que la encargada de la clase de historia decía que tendríamos una clase extra para repasar. Quise gritar o, incluso mejor, deslizarme debajo del escritorio y arrastrarme fuera de esa escuela, pero eso solo podría suceder en los dibujos animados. Así que llamé a mi papá para que me recogiera alrededor de las seis.

'Odio a esa maestra', le dije a Alera. 'Pensé que era tu favorita', respondió. '¡Hoy no!'.

Me puse de pie y me acerqué al escritorio que estaba junto de la ventana, mientras mis compañeras de clase recogían alegremente sus mochilas y se iban a casa. Éramos pocas las que tomábamos la asignatura de historia. La señora Caluvar era la maestra y no pertenecía a nuestra manada. Ella pertenece a la de Moonbridge.

Nuestra clase estaba a punto de comenzar cuando el escandaloso sonido de una tonada interrumpió nuestra concentración. La profesora empezaba a explicar cómo había surgido nuestro mundo de hombres lobo, pero unas estruendosas carcajadas amortiguaron su voz, junto con el volumen creciente de esa melodía.

"Adassah", me gritó. "¿Podrías ir a pedirle a quienquiera que esté haciendo ese ruido que le baje al volumen o, mejor aún, que salga de nuestro recinto escolar?".

Sabía por qué me eligió, en primer lugar, era la única líder en la escuela que tomaba historia y, en segundo lugar, no podía enojarme y contestar que se lo pidiera a otra estudiante.

Bajé corriendo a toda velocidad las escaleras hacia el lugar donde se originaba ese escándalo, pero de pronto me detuve arrepintiéndome de haber obedecido a Caluvar.

'Aborta la misión, aborta la misión', empecé a repetir y me di la vuelta rápidamente para regresar.

Cuando giré, vi a mi maestra y a todas mis compañeras de clase con la cabeza fuera de la ventana mirándome. Podría haber escapado y correr a casa. 'A quién le importaría quedarse castigada mañana', le dije a Alera.

'¡Oh oh! Miren lo que tenemos aquí'.

'Demasiado tarde', maldigo abruptamente dándome la vuelta y sonreí hacia el grupo de indeseables.

"Futuro Alfa, lamento interrumpir su bonita reunión, pero sabrán que tenemos una clase en este momento. Su música y sus carcajadas han interrumpido nuestra clase, lo que nos dificulta concentrarnos a las estudiantes que queremos tener un futuro brillante".

Me detuve solo para suspirar profundamente, con la esperanza de que no me hiciera pasar un rato difícil.

"Um, en realidad ya acabaron las clases y tú, prácticamente, no tienes nada que hacer aquí".

El sonido de esas palabras me hizo temblar de rabia, por lo que Alera se preparó para ser liberada y arrancarle la cabeza a esa voz de mono.

"¡Quinn!", dije mientras sus ojos se abrieron al ver mi gran sonrisa, ya que mi enojo solo fue evidente por la forma en que levanté la voz.

"El hecho de que Matteo esté aquí no te salvará mañana de quedarte castigada después de clases durante toda la semana". Ninguno de ellos contestó.

"Sabes lo que sucede cuando estás en detención y yo estoy de encargada". Entonces sus ojos se posaron sobre sus propios pies causando que Alera se riera. "Y eso va para el resto de ustedes, señoritas", continué sin quitar mi sonrisa malvada.

No me gusta intimidar a mis compañeras de escuela, pero cuando toman represalias o incluso intentan ponerme nerviosa es cuando dejo de ser amable. Quiero decir, ¿podrían culparme? Me encanta desafiar a esas chicas orgullosas, especialmente a las pequeñas perras como las que tenía enfrente ese día.

Un chico que llevaba una chaqueta de fútbol del Kings College se acercó a mí, haciéndome tragar saliva con nerviosismo. Matteo y Jay se quedaron inmóviles sin decir palabra. Realmente me sorprendió que él no defendiera a su novia.

El tipo sacudió mis hombros con las manos. "¿Y quién diablos eres tú para venir aquí y hablarnos así?", ladró.

Inconscientemente, intenté quitarle las manos de encima de mí, pero su fuerza superaba la mía, por lo que decidí calmarme y responder con firmeza.

"Prácticamente, soy una prefecta de esta escuela y tú estás en el recinto escolar haciendo ruidos durante las clases del último grado. Así que tengo todo el derecho de decirles eso a todos ustedes. Esta es una propiedad de la escuela y como líder, se podría decir que es mía". De repente, Alera se golpeó la frente murmurando '¡Uh oh!'.

Vi al de la chamarra apretar su puño listo para golpearme, pero Jay lo detuvo. "No es bueno pegarle a una chica". Parecía como si estuviera protestando para después estar de acuerdo. "Kevin, detente", ordenó Matteo con tono de advertencia.

Entonces el chico se dio la vuelta golpeando en contra del aire, al mismo tiempo que lanzaba un débil gemido. Yo di un paso hacia atrás con una sonrisa de victoria y al verme, él maldijo en voz alta. "Cuídate las espaldas", agregó con tono amenazante. Mentiría si dijera que no estaba asustada, porque recordar su expresión de furia no me hace ningún bien.

"Tú", dijo señalándome con rabia. "Te mataré...". Rápidamente, Matteo se paró entre nosotros dos, provocando que Kevin pateara furiosamente el costado de su auto.

"No vuelvas a faltarle el respeto a mi chica", me advirtió el futuro Alfa con una mirada fría antes de meterse al auto seguido de sus amigos; y obviamente, con Quinn colgada de su brazo.

Cuando se fueron, yo suspiré aliviada y miré hacia arriba, donde estaban todas mis compañeras echándome porras.

"Buen trabajo líder", gritó la profesora Caluvar. Entonces yo levanté ambos pulgares murmurando solo para mí: "¡Líder mi trasero!". Y emprendí el camino de regreso a clase, con las carcajadas de Alera adentro de mi cabeza.

Una vez que terminó la clase extra, tuve que esperar a mi padre durante toda una hora. Me dediqué a patear las piedras del suelo, sintiéndome cansada y muriéndome de frío.

Finalmente vi su Mercedes. 'Me alegra que no nos haya olvidado', murmuró Alera.

Él se paró frente a nosotros e inmediatamente abrí la puerta saltando al asiento delantero, soplando sobre mis manos para calentarlas.

"¿Por qué llegaste tarde?", pregunté sin dejar de frotarme las palmas.

Era extraño que mi papá no me respondiera y todavía más que pudiera seguir oliendo ese penetrante aroma.

"¿Papá?", dije volteando la cara para verlo y empecé a gritar desaforadamente, al tiempo que me aferraba a la manija de la puerta para abrirla y bajarme. Lucharía por seguir con vida.

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