Chapter 8 La única heroína soy yo

Chapter 8 La única heroína soy yo

Poco a poco, mis fantasías se derrumbaron y toda mi saliva se desperdició, incluso después de lo que dije. Además, Alera no dejaba de burlarse de mí: ‘¡Qué vergüenza! ¡Qué vergüenza!’. Ella repetía esa frase como cantinela, aunque yo fingía no escucharla.

Para refrescar la memoria de todos, esos dos machos por los que estuve babeando no eran otros que los dos mejores Alfas en nuestro mundo de hombres lobo.

Era una lástima que el primero ya tuviera pareja y el otro... Digamos que me miraba con frialdad. En realidad, me importaba muy poco que uno de ellos me lanzara miradas asesinas por dejar a su hermana sola, ya que decían que los rogues se habían metido en nuestro territorio.

En realidad, yo nunca me enteré de eso, pues de haber sabido que ellos andaban al acecho, me habría quedado con Cora en casa. Desafortunadamente no lo hice; además todo fue culpa del estúpido de mi supuesto compañero.

"Adassah querida, esta es Luna Shina", dijo mi madre, interrumpiendo mi ensoñación con los dos Alfas, a quienes yo no dejaba de mirar intensamente. Me estaba presentando a la luna de nuestra manada, nada menos que a la madre de Matteo.

Mi madre continuó con la hembra joven que había aparecido arruinando mi momento y que ahora estaba aferrada a su pareja.

"Ellos son Alfa Gibson y su Luna Elle", dijo haciendo un movimiento con la mano hacia ellos.

Mi mamá decía su nombre completo, es decir con apellido, ya que sería una falta de respeto llamar al Alfa solo por su nombre. Simplemente, incliné la cabeza con respeto sin borrar mi estúpida sonrisa y, al mismo tiempo, me escondí detrás de mi madre debido a que no traía sostén.

"Y ese es Alfa Hernández", sonrió señalando al hermano de Cora, quien entrecerró los ojos hacia mí, quedándose inmóvil junto a mi amiga.

Cora parecía querer decir algo, pero no se atrevió. Por su expresión, yo no era su persona favorita ese día. Mi amiga levantó la ceja haciendo un gesto con mirada de "¿Qué?", al mismo tiempo que levantaba los hombros y los brazos, desviando la mirada a un lado.

"¡Ah! Y este es Beta Lucian", concluyó mi mamá poniéndole fin a nuestros gestos. Yo le sonreí al tipo que Matteo estuvo a punto de atacar un momento antes.

Hablando de Matteo... Bueno, resultó que él iba a buscar a su padre, quien fue gravemente herido por los pícaros, razón por la que todos sentimos ese terrible dolor. Se decía que fueron emboscados por esos bribones en su camino de regreso a casa, después de la reunión que se llevó a cabo en uno de los territorios del Consejo. Afortunadamente, esos dos Alfas estaban allí para ayudarlos. En cuanto a mi padre, mamá aseguró que él estaba bien y que había ido a hacerse cargo de algunos asuntos en la frontera.

"Dime por favor, ¿por qué no estabas con Cora en casa?", preguntó mi mamá.

'¡Problemas!', se burló Alera dentro de mi cabeza.

"Necesitaba correr", respondí. "¿Y Matteo?", siguió cuestionándome, con los ojos puestos en él, quien ahora caminaba hacia nosotros con expresión triste, sin siquiera intervenir para ayudarme para que no sospecharan sobre el vínculo que ya se había manifestado.

'¡Perfecto!', pensé apretando los dientes. "Sucede que lo ayudé para... Bueno, así logró salvarse de los pícaros". Al escucharme, él dejó de caminar y me miró como diciendo "¡Qué carajo!", con su mirada fría.

"¡Oh, querido! ¿Estás bien?", dijo Luna Shina, acercándose a él para revisarlo con preocupación. "¡Gracias, Adassah! No sé qué hubiera hecho si él estuviera gravemente herido como su padre o aún peor... Ni siquiera quiero pensar en que los pícaros lo hubieran matado", dijo abrazándolo con fuerza. Todos los ojos en la habitación estaban sobre mí.

No esperaba llamar la atención de nadie, simplemente solté lo primero que se me ocurrió, pero supongo que todos lo creyeron; a excepción de mi madre.

"Hoy ha sido un mal día", dijo Luna Shina suspirando pesadamente y tratando de reprimir sus lágrimas para no derrumbarse frente a los invitados. Matteo seguía con los ojos clavados sobre mí, mientras consolaba a su madre; pero yo solo sonreía.

"No hay necesidad de agradecer nada, Luna. Fue un milagro que me topara con él en el camino".

Mi sonrisa se volvía cada vez más amplia y, aunque mi mamá me frunció el ceño, yo permanecía inmutable.

"Eric".

En ese momento, todos nos volvimos hacia Elle, quien se aferró a la cintura de su compañero y susurró algo en su oído, por lo que él besó su frente descansando su mano sobre su estómago.

"A pesar de que nos gustaría quedarnos, mi amada pareja y yo necesitamos volver de inmediato con nuestra manada", se excusó Alfa Gibson.

Entonces, Luna Shina insistió en proporcionarles todo lo que necesitaran, diciéndoles que se los debía. Sin embargo, él no estuvo de acuerdo. Al mismo tiempo, Beta Lucian salió corriendo a preparar sus vehículos, mientras mamá tomaba mi mano para apretarme con fuerza.

En ese momento, Luna Elle fue hacia nosotros. "Tu mamá me dijo que estás tratando de entrar en una de nuestras universidades". Yo respondí emocionada. "Así es, Luna". "¡Oh no!", dijo inclinándose hacia mí y me susurró al oído: "Llámame Elle". Luego volvió a subir el volumen de voz: "No puedo esperar a verte de nuevo", dijo guiñando un ojo y frotándose el estómago. "Querido...", continuó ella, volteando hacia Alfa Gibson, quien estaba platicando con Alfa Hernández y que, al escucharla, se dio la vuelta para acercarse de inmediato.

‘Este Alfa está muy bien amaestrado’, comentó Alera y se volvió loca pensando en la encantadora pareja que teníamos enfrente.

Cuando ellos salieron, todos los acompañaron para despedirlos, mientras Cora entrecerraba los ojos apuntándose a la cara con dos dedos y luego los volteaba para señalarme a mí; iba caminando detrás de su hermano. Entonces me quedé sola con Matteo, quien quitó la fingida sonrisa que hasta ese momento había ocupado su rostro y volteó a verme enojado.

Acto seguido, me arrastró hacia una habitación aislada "¿Qué diablos dijiste?", me reclamó casi gritando. "Debería haber sido yo quien te salvó a ti. ¿En qué clase de juego enfermizo pretendes involucrarme?", estalló golpeando la pared.

Sin alterarme, crucé los brazos sobre mi pecho y me reí con sorna. "Cariño, en la vida de Quinn podrás ser un héroe, pero no en la mía. Yo soy la única que juega el papel de heroína y nunca permitiré que intentes quitarme ese puesto".

Cuando terminé lo que tenía que decir, lo empujé a un lado, abrí la puerta y regresé a la sala. Entonces escuché que algo se hizo añicos seguido de un golpe sordo.

"Adassah", gritó y su voz me dio escalofríos, pero seguí caminando sin mirar atrás. Solo escuché sus pasos acercándose. "Adassah", volvió a decir susurrando.

Iba a gritarle que dejara de molestar cuando una voz nos interrumpió haciendo que él se detuviera a dos metros de mí.

"Oh, Matteo", sollozó Quinn corriendo a sus brazos. ¡Qué raro! Sentí que algo se retorcía dentro de mí impulsándome a lanzarla muy lejos de él, mientras que Alera, como era de esperar, se trastornaba tratando de liberarse para matar a la chica.

Al principio, parecía que él iba a rechazarla, pero una vez que se dio cuenta de que yo estaba mirándolos, la abrazó con fuerza antes de echarla hacia atrás y besarla en los labios.

Alera estaba furiosa arañando con las patas en medio de su profundo odio hacia Quinn, pero sin culpar al idiota de nuestro compañero. Mientras que yo sentía que algo extraño iba creciendo dentro de mí.

‘Creo que te estás poniendo celosa’, ronroneó Alera.

"No", respondí conteniéndome para no gritar. Me negaba a admitirlo, mientras pensaba en salir de la habitación para alcanzar a los demás.

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