"Ejem".
Tosió y yo fingí no saber que estaba ahí; giré hacia la puerta y lo vi con la mano en el bolsillo del jean.
Caminó hacia mí y, de pronto, Alera gruñó ante su presencia.
Cuanto más cerca estaba, más bufaba Alera a través de nuestro link. Hasta que nuestras manos se rozaron y él acarició la mejilla de mi hermano con admiración.
Gracias a ese contacto, Alera se relajó un poco, aunque no comprendía por qué ella actuaba así con él. Volví a pensar si algo malo habría pasado entre mi compañero y yo antes de perder la memoria,
"¿Por qué estás aquí?", le pregunté.
"Me envió tu...