El auto llegó tarde en la noche; casi todas las luces estaban apagadas y en el lugar solo había guardias.
El conductor me dejó en la puerta de la inmensa entrada donde había dos estatuas de lobos que parecían estar orgullosas de estar a cada lado de la puerta.
Vi que un hombre se acercaba y, luego de abrir la puerta, me extendió su mano.
"Hola, no sé si te acuerdas de mí pero soy Beta Lucian", me recibió con una sonrisa y yo le estreché su mano.
Claro que lo recordaba, tampoco había sufrido una pérdida de la memoria. Además, que Matteo casi le haya roto los huesos lo...