Mis amigas mi miraron sin poder creerlo.
"De ninguna manera", Gia intentó abofetearse nuevamente.
"Tú y Matteo, ¡guau! Ese hijo de puta", Cora se puso de pie con ambas manos en sus caderas.
"Si estuviera aquí, lo golpearía vivo antes de darle de comer a los perros con sus...", se frenó en la mitad de la oración al ver que las dos la mirábamos fijamente.
"¿Qué", dijo mientras ponía los ojos en blanco y yo me reí a carcajadas.
"Guau, nunca pensé que viviría para escucharte hablar así... guau, guau", Gia y yo la aplaudimos con entusiasmo.
"Están las dos locas, pero en serio, me da asco", se sentó sobre...