No paraba de llorar y, al mismo tiempo, intentaba controlar mi respiración cuando, de pronto, escuché que se abría la puerta y mis padres entraron.
Me sequé las lágrimas enseguida y corrí hacia la canilla de la cocina para lavarme la cara. Traté de sonreír y calmarme antes de volver a la sala y saludarlos.
Cuando se dieron vuelta y me vieron ahí parada sonriendo, me miraron con sorpresa.
Sí, voy a fingir que todo está bien y que estoy perfectamente bien.
"Oh, cariño", dijo mi mamá y se acercó a abrazarme mientras mi papá me daba un beso en la frente.
"Preparé la cena", apreté los labios y mamá...