¡Oh Dios! ¡Y ni hablar!
Esos abdominales, pertenecen nada menos que al imbécil de los ojos verdes.
Nos miramos con sorpresa, sin evitar preguntarme qué demonios hacía él aquí en otro territorio.
¿Es que tiene que estar en todos los sitios a los que voy? Sé que debería estar agradecida por lo de anoche, pero en serio, ¿por qué diablos está aquí?
Su presencia evidentemente me estaba dando vértigo. Nunca me he sonrojado frente a un chico, pero ahora podía sentir el calor quemando mis mejillas, mientras Alera babeaba por él.
"¿Qué estás haciendo aquí?", preguntó, devolviéndome a la realidad y recordándome que debía darle la tarta.
"Mi abuela quiere...