Santiago miró su reloj una vez más para darse cuenta que habían pasado 120 minutos de la hora en la que habría quedado en verse con su demonia y aunque le había mandado un mensaje, éste no había sido leído por ella y no sabía si llamarla o definitivamente subirse a su auto y regresar a su domicilio con su hijo.
De pie en la puerta de la casa y coloca las llaves es que vencido se dispone a quitarse el antifaz para retirarse, cuando unas luces lo encandilan.
- Lo siento mucho. – aquella voz femenina le erizo la piel y cuando al fin pudo ver se quedó mudo...