Chapter 6 Inspeccionando el ambiente.

Chapter 6 Inspeccionando el ambiente.

- Estuviste genial. – confiesa ella intentando recomponerse del fabuloso polvo que acababa de darle ese hombre.

- Tampoco te quedas atrás. – conté con una amplia sonrisa recostado en el sillón y por unos segundos se queda en silencio mirando a su alrededor.

La suite era lo suficientemente amplia como para que una familia tipo viviera sus días tranquilamente. El sitio donde estaban era el living, aunque no podía determinar porque había una tarima en medio, de todos modos no se detuvo en eso ya que todo lo que había en el The Clímax era realmente extraño.

El espacio solo contaba con lo mencionado, una TV de 90 pulgadas que casi ocupaba toda la pared, un hermoso sillón en forma de semicírculo con una gran mesa de vidrio en el que podían guardarse muchas cosas, por ejemplo una amplia colección de juguetes sexuales. El sitio no tenía ventanas, por lo que no había cortina que la decoren.

A su izquierda, una abertura que los llevaba a lo que sería la habitación con una enorme cama en el medio y modulares con muchas más objetos sexuales. También, se podía apreciar un hermoso y burbujeante yacusi y si miraba hacia el techo podía encontrar un espejo cubriendo todo el contorno.

El baño también era de espacio amplio y la verdad que no tenía nada nuevo.

A simple vista era un sitio como cualquier otro por lo que no entendía por qué le costó tan caro.

- No comprendo. – manifiesta desagrado en cuanto a lo que ha pagado.

- ¿Qué no comprendes? – Érika se intrigó.

- El precio. Aboné ocho mil pesos y sinceramente no es un lugar diferente al que seguramente encontraríamos en algún albergue transitorio ¿Se dice así aquí en Argentina? –

Su comentario tenía algo de lógica, porque lo que le había comentado Abril no tenía nada que ver con lo que tenían frente a los ojos, por lo que así desnuda como se encontraba se puso de pie y busco algo, aunque no supiera qué.

Por un momento él se mantuvo en el sillón observando con detalle cada movimiento, mirando su desnudez, deseando volver a tocarla, besarla, penetrarla pero también le inquietaba verla dar tanto vueltas.

¿Acaso busca algo? ¿Se le ha perdido algo y por eso está buscando? Y se altera en cuanto una idea se le viene a la cabeza.

- ¿Hay cámara aquí? – pregunta desconfiando y asustado. Ella frunce el ceño.

- Quizás. – todo podía ser.

Fue solo escuchar que podría haber cámaras que se desespero y empezó a buscar su ropa que estaba esparcida por todo lo que sería el living y al ver esa actitud suya, Érika tuvo que interrumpirlo.

- ¿Sucede algo? – curioseó.

- No puede haber cámaras. – intento animarse y por sobre todo calmarse.

Está actitud repentina le hizo dudar a ella sobre la identidad del hombre con el que hace minutos no más se habían dado un terrible revolcón y como ella no era de dar tantas vueltas cuando algo le generaba dudas, le pregunto sin rodeos.

- ¿Eres algún político o personalidad importante? – su pregunta lo tomo por sorpresa, pero ella no se detendría. - ¡Oh Dios! ¡Eres famoso! – grito entusiasmada y él se confundió.

- ¿Eh? – todo era una terrible confusión.

- ¿Qué eres? ¿Actor de telenovelas? ¿Acaso eres cantante? ¿Algún periodista reconocido? – cada pregunta la expresaba con entusiasmo y el que no le respondiera ninguna le hacía especular cualquier cosa. - ¡Oh Dios, me folle a alguien importante! ¡Alguien que sale en la tele! –

Bueno, en eso tenía razón. Santiago Beltrán era famoso en el mundo de la moda y últimamente el mal comportamiento de su hijo lo dejaba en el ojo de los paparazzi y todos los programas de chimentos y él solo pensar que una grabación en un lugar como ese se filtrara a la prensa y alguien pudiera reconocerlo sería un escándalo y terminaría por romper el vínculo frágil con Sergio. Debía romper con todas esas ideas.

- ¡No! – le grito haciendo que se baje de su nube. – no soy famoso, y tampoco tengo esposa. – legalmente la tenia, pero para él no contaba ya. - así qué tranquilízate. Simplemente me aterra pensar que pueden firmarme. – ella elevó sus cejas, su argumento no tenía lógica ya se lo hizo saber.

- Discúlpame pero lo que dices no tiene pies ni cabeza. De todos modos te explico que este sitio en el que estamos es exclusivo en fetiches sexuales. – y él la interrumpe.

- ¿Y cómo sabes? ¿Ya has asistido antes? – pero niega. - ¿Y cómo sabes tanto de este lugar si ni siquiera aparece información en internet? – Erika suspira pesadamente antes de responderle.

- Mí mejor amiga asistía con su esposo, él la incursionó en este ámbito y pese a tener prohibido contar lo que aquí dentro suceda, ella lo hizo y te juro que lo agradezco. – habla con sus manos en su pecho.

- Ok. – asiente. - ¿Y que buscas? – pregunta calmado.

- En el The Clímax nada es tan fácil como parece. Está habitación podría tener algo oculta además de cientos de consoladores en vitrinas y eso es lo que me quiero descubrir. – y continua buscando.

Beltrán se pone de pie y aunque no sabe exactamente qué es lo que debe buscar, comienza a registrar la habitación, hasta que en la tarima encuentra lo que parece ser un botón que forma parte de la madera y quizás por eso no lo notaron. Sin decirle nada lo aprieta y al hacerlo toda la habitación se pone de color azul.

- ¿Qué sucedió? – pregunta ella sorprendida y él no entiende qué pasó.

- No sé, solo apreté le botón que había aquí. – y le señaló la tarima por lo que inmediatamente se dirigió dónde estaba para revisar el objeto con detalle.

Entusiasmada, como niña en juguetería, Érika comenzó a revisar en detalle el objeto para ver si por casualidad algún otro botón había disponible que le proporcionará otra cosa y ¿Qué creen?

- ¡Acá hay otro! – gritó desbordando de emoción.

En cuanto lo apretó, tanto las vitrinas de la habitación como la gran mesa del living se abrieron dejando a disposición todos, exclusivamente todos los juguetes sexuales.

- ¡Oh por Dios! – exclamó ella por tanta cosa que había y podía usar, en esas una voz en el altoparlante los sobresaltó.

“Queridos huéspedes del The Clímax. Tienen a su entera disposición una perfecta variedad de productos de Sex Shop nuevos cuyo utilidad será mediante el abonado de la compra.

Como verán, encima de cada objeto visualizan una ranura con el costó del mismo el cual para acceder a la mercancía deberán introducir.

Recuerde que, si lo compra usted pasa a ser dueño del mismo.

Además, tenga en cuenta que todo lo que suceda aquí mismo usted puede tenerlo como recuerdo en un video en cualquiera de los formatos tan solo debe pasar las coordenadas impresas en el reverso de la tarjeta de acceso y mediante el lector digital usted va a poder guardar en sus manos este candente encuentro con la persona que desea y reproducirlo en la intimidad cuántas veces quiera.

Que tenga un liberador orgasmo, les desea el personal del The Clímax”

Ambos se miraron en tanto Érika contenía las ganas de estallar en carcajadas por semejante anuncio,. Aunque quién terminó por romper el hielo después de aquello fue él.

- Eso fue . . . rato. – y se rasca el ante brazo izquierdo con su mano derecha, cuando de pronto su risa lo toma por sorpresa.

- Esto, jajaja. Esto, jajaja. – intentaba hablar pero era tanta la gracia que le había provocado que se tuvo que tomar la panza con ambas manos. – Esto es de otro planeta. – pudo completar la frase.

Ella estaba fascinada por ese lugar y todo era demasiado. Si bien Abril en sus experiencias le había contado lo que podría encontrarse en ese club, jamás imaginó que le ofrecieran filmarse para “recrearse en la intimidad” solo un imbécil comete el error de filmarse y exponerse a qué por equivocación caiga en manos equivocadas.

Lo que Érika no notaba es que mientras carcajeaba como una niña, él la miraba de una manera que cualquiera diría que se conocen hace rato. De echo realmente él sentía que se hubieran visto antes, que se hubieran sentido mucho antes de ese momento y no podía descifrar si, tenía que ver con aquella desconocida con la cual se acostó hacía un año o tenía que ver con algún amor de la adolescencia. Aún así, no recordaba nombre. Su historia con Bárbara había borrado todo rastro de amores del pasado.

- ¿Por qué me miras así? – lo saca de sus pensamientos. – no me digas que quieres un vídeo de recuerdo. – y contuvo las risas, aunque no lo iba a permitir.

- ¿Tendría algo de malo? – le pregunta serio y la toma por sorpresa.

- Claro que lo tendría. – habla con la misma actitud que él y cruzándose de brazos. - ¿Por qué o para qué querrías tener un vídeo nuestro teniendo sexo? – y su respuesta la deja sin palabras.

- Quizás para recordarte en mis noches vacías. – dijo acortando el espacio entre los dos.

Pese a saber que Ezequiel, su ex novio, ya no quería saber de ella, Érika guardaba en lo más hondo de su alguna esperanza de que al fin cambie y que pudiera valorar el amor que aun y se empeña por negar y que se lo crean. Ella sabía que su único motivo de estar ahí era para poder disfrutar, sentir la adrenalina de no estar pensando constantemente en cómo su ex le hace el amor a otra mujer mientras ella lo sufre en silencio aunque se diga una y mil veces que no se va a dejar nunca más de él.

Para salir un poco de la situación le hace una propuesta que a él le parece tentadora.

- ¿Y si compramos algún juguete? – y le muestra una amplia sonrisa.

Él deja sonríe al notar que la puso nerviosa y se gira dándole la espalda para ver qué le ofrecen allí. En silencio observa todo pensando en cómo usarlo con ella hasta que se decide por empezar con lo mas sencillo.

Electroestimulación.

- Bien, creo que podemos empezar con aquel. – dice señalando un vibrador de mano.

...

- Ummm -

Recostada en la cama y con sus piernas abiertas atada a cada esquina para evitar cerrarlas a estimularla con el vibrador. Érika recordaba el primer encuentro propiamente sexual entre su amiga y el esposo y moría por experimentar algo parecido. Santiago no era experto en el tema, y aunque éste no mostrada gran interés en los juguetes sexuales, admiraba las diferentes manifestaciones corporales al sentir tanta excitación.

- Como te mojas. - mencionó echado entre sus piernas, presionando el aparato en su clítoris y viendo cómo todo su sexo se contrae delante de sus ojos.

- ahhh, mételo, mételo más adentro. - le pide y él frunce el ceño ¿Que locura peligrosa estaba pidiéndole?

- puedo electrocutarte. - se opone y ella entre el orgasmo que la abraza y la risa que le.provoca tanta inocencia de ese hombre.

- no te . . . ¡Ahh! No te preocupes ¡OH DIOS, CUANTO PLACER POR FAVOR! - sujeta las cuerdas que la mantienen amarrada y comienza a tirarlas hacia dentro, en tanto su torso se encorva y hunde su cabeza en la almohada. - Mételo, por favor ¡Ohhh siii! - y confiando en sus palabras y en qué es un objeto especialmente fabricado para estar en zonas húmedas y sumamente mojadas sin dañarse ni lastimar es que le hace caso.

Lentamente lo desliza hacia su entrada, no sin antes escupir su vagina y humedecerla aún más al mezclarse con sus fluidos.

Grita al sentir como la fina piel de su intimidad comienza abrirse y separarse dejándole paso a un oscuro y tan deseado camino, repleto de agua blanca que desborda por todos lados, escuriréndose por sus piernas.

En cuando hizo entrar parte de la cabeza del aparato, Érika sintió como las vibraciones golpeaban sacudían sus paredes y hacia que todo su cuerpo reaccionara del mismo modo.

- ¡OHH MI DIOS! ¡¿DÓNDE HAS ESTADO TODO ESTE TIEMPO?! ¡AHHH AHHH SIIII, SIII MI AMOR! -

Ella gemía y a él se le ponía el miembro cada vez duro tanto así que hasta sus testículos le dolían. Definitivamente quería volver a llenarla, quería mover su polla dentro de su boca, filmársela completa, tocar su tráquea con la punta de su grueso pene.

- Oh si, SII mí enmascarado. -

Érika tenía el don de hacer de toda situación una gran comedia y claro que está en particular no iría a ser la excepción.

- Ten, trágalo bebé, trágatelo todo, encierra la cabeza con tu húmedo coño. Moja el vibrador y bañarme la mano. ¡Házlo! Empápa mis ganas de meterlo hasta el fondo y llenarte de mí, hasta hacer que escupas hasta por los los ojos. -

Santiago se sentía muy caliente, esa mujer lograba ponerlo así y pese a todo aquello que le expresaba sentía que aún así no le era suficiente, para llevar a palabras, todo lo que tenerla con él le generaba.

Sorprendida levanta la cabeza y lo mira a los ojos y antes de decirle algo se muerde fuerte la boca.

- cómo me calienta que me hables sucio. - admite. - háblame como un cerdo. - le pide.

"Vaya fetiches" piensa Beltrán.

Con su ex esposa lo más lejos que llegaban era a tener sexo medianamente duro, es decir, penetraciones fuertes un poco de jalada de cabellos, un "muévete así que me gusta" o quizá "¿quieres más? PUES TOMA, TOMA DURO" y cosas así pero no tenía ni idea de cómo es ser "cerdo"

- No comprendo. - confiesa y ella pone sus ojos en blanco.

- No te preocupes, continúa haciéndome lo que haces. -

Fue un tanto incómoda su respuesta y por alguna razón se sintió humillado e inexperto, de todos modos siguió proporcionándole placer sin desenfreno.

Hunde una vez más el aparato en su interior y encierra con las paredes de su vagina el objeto para agudizar aquella magnífica sensación.

- ahhh, ahhh. -

Se saborea, se reclamé una y otra vez. Desea pasar su húmeda lengua por su intimidad y beber de su néctar.

- ahhh, haz . . . Ahhhh ahhhh. –

Erika no era de ese tipo de mujeres que aguantaran demasiado una previa como esa, de echo para ser la primera vez, estaba aguantando por mucho las ganas de que la penetre con mucha fuerza, que le arranque una y otra vez gemidos de placer desde lo más profundo de su garganta.

De repente, a él se e ocurrió algo que había visto cuando adolescente con unos amigos en una película condicionada por lo que la dejó en la cama para ir en busca de otro objeto que le ayude a hacer lo que deseaba.

- Enseguida vuelvo, no te vayas. – le dice a modo de broma y ella carcajea

- No creo que pueda ir muy lejos. – responde siguiendo su juego.

De todo lo que se le ofrecía, algo le llamó la atención lo cual era algo así como una prenda interior inferior con algo que sobresalía lo cual supuso que se trataba de algún vibrador y para lo que iría hacerle eso le servía.

- Bien, mil, dos mil más y listo. – va colocando cada billete en la ranura. - ¡qué manera de gastar dinero! – se sorprendía tanto de sí mismo en esa actitud, así como de todo lo que había.

Iba a retirarse cuando logró ver que en otras de las vitrinas con productos en exhibición había lo que parecía ser unos broches y por la imagen reconoció que efectivamente se denominaban pinzas para pezones y sonrío de lado. Se dirigió donde ellos y los compró.

- Ahora sí, tenemos todo. – le comentó y le mostró los objetos que había comprado antes de arrojarlos sobre su cuerpo.

- Mmm, salvaje. – le dijo mordiéndose el labio.

Le desató las piernas para poder ponerle el tanga y luego volvió amarrarla. Luego se sentó sobre su regazo y antes de colocarle las pinzas se encargó de verificar, que tan sensible estaban.

Se inclinó y antes de sacar su lengua la miró fijamente a los ojos.

- ¡dios! Cuando me ves así haces que sienta fuego entre mis piernas. – sonríe victorioso de lo que puede generar en su cuerpo y lame muy despacio la aureola de sus pechos. – ahhh. – gime cuando la siente mojarle los pezones y grita por el placer que le provoca. -¡OHHH! –

En cuanto tenía los productos puestos en su cuerpo entonces activó la prenda interior mediante un botoncito en la misma, el cual presionó adrede para que sienta como aquel objeto se abría paso dentro de ella.

- Ahora sí, quiero que me atiendas. – le dice y se sube más hacia quedar delante de su rostro, se agarra de los caños que había en la pared y en cuanto puso su miembro en su boca, ella la abrió para recibirla y él de un solo movimiento la enterró.

- OHHH, NENA, ASÍ. – segundos después, estaba moviéndose como un loco, tocando con la punta de su polla dura la campanilla de su garganta.

Santiago movía sus caderas con ritmo, llenando su boca en tanto el cuerpo de esa mujer era pura gelatina que se movía para todos lados bajo su cuerpo.

Adentro, afuera.

Adentro, afuera.

La toma, la llena.

Lo recibe, lo degusta y la libera.

Los movimientos van en aumento, el calor los consume, las ganas desbordan.

¿Cuántas veces ha terminado? Ya habían perdido la cuenta porque en la cama, entre medio de las piernas de ella se podía ver y sentir cuan mojada había dejado no solo la tela fina de la prenda interior y la sábana de satín blanca. Pero su rostro no se quedaba atrás.

- Me vuelve loco verte tragar. – le confiesa refiriéndose a las tantas veces que acabando en su garganta ella se lo ha tomado todo, sin dejar una gota fuera, pero otras tantas, a Santiago le gustaba ver cómo su rostro era bañado con sus fluidos y cómo ella sacaba su lengua para pasarla por sus labios.

- Me encanta tu sabor. Me apasiona que me sometas. – dice entre jadeos.

- A mí me encantas tu. – y poco a poco y luego de “descargar” su fascinación sobre su cuerpo y dentro de su boca, comienza a desamarrarla para caer rendidos uno al lado del otro no sin antes ayudarla a sacarse la prenda con aquel vibrador y las pinzas de sus senos.

- Uf, al fin. – dice ella sintiéndose liberada, el solo carcajea. – te gustó dominarme ¿verdad? – pregunta sonriéndoles y con mucha curiosidad.

- La verdad, sí. Me gustó mucho. – y se sonríen cómo dos idiotas, pero él le hace una pregunta un tanto incómoda que no le irá a responder. - ¿te puedo preguntar algo? – asiente. - ¿qué simbolizan esas aves fénix para ti? –

El silencio es incómodo y él siente haber metido la pata con la misma por lo que le propone una vuelta más.

- ¿vemos qué otra cosa podemos usar? – ella baja su mirada porque, aunque se muere de ganas de seguir allí, disfrutando de su apasionada y caliente compañía lo cierto es que era demasiado tarde y a las 8:00 a.m. Ezequiel le traía su bebé. También, Abril no sabía que había salido a la fiesta por lo que no quería que se enterase y se enojara.

- Lo siento, pero tengo compromisos. – y se pone de pie para dirigirse al baño a ducharse.

- Comprendo. – no quiso ser demasiado entrometido. – pero ¿dónde vas? - ella sin voltearse le contesta, pero es su pregunta la que hace que se vuelva a mirarlo.

- A bañarme. -

- ¿y si nos bañamos juntos? – ella lo mira extrañada porque eso significaba descubrirse ante el otro, pero en eso no estaba pensando precisamente Beltrán. – puedes darme la espalda así no podremos vernos cara a cara y podre acariciar tu espalda, besarte el cuello mientras te recorro el cuerpo con mis manos. - Erika sonríe y acepta, pero siempre y cuando la deje entrar primero. – me parece perfecto. – y luego de tirarle un beso es que se va al baño y se saca el antifaz, se mira por ultima vez en el espejo y se adentra en la ducha para luego llamarlo.

- ¡puedes venir! – pero antes de terminar la frase, él ya estaba dentro del pequeño espacio.

- Hola. – susurra en su oído mientras que apoya sus manos en sus hombros y ella cierra sus ojos para sentir la suavidad de su toque. – que rico hueles. – le dice con una voz que la derrite.

- Tu también. – lo cierto es que lo único que podía olerse era el perfume del jabón que estaba utilizando para higienizarse el cuerpo.

- Gracias. – dice y besa su cuello.

- ¿por qué? – está intrigada.

- Porque no la pasaba tan bien hace rato. – y sonríe sin decirle que ella también la pasó muy bien y hace rato no se sentía tan deseada como ahí.

- Pues de nada, entonces. –

En silencio estuvieron lavándose el cuerpo y de vez en cuando ella podía sentir su tacto en su desnudez y su piel se le estremecía, cosa que él lo podía sentir perfectamente en la palma de su mano.

En cuanto ella cierra la canilla se quedan en sus posiciones y lugar cuando las palabras de él la toman por sorpresa.

- Me gustaría verte. – esto hace que los ojos de ella se abran como platos y aunque la curiosidad haga que muera de ganas por darse la vuelta le surge siempre el mismo temor ¿y si acaso es algún conocido? ¿si se trata de el amigo de alguien que la conoce? ¿si es amigo de Santino? No. no tanto por él, sino por ella que no quiere que sepan que ha asistido a ese evento y porque, además, entró de contrabando lo que menos quiere es generarle a su amiga y esposo un problema y menos que llegue a oídos de Ezequiel.

- Mejor no. quizás puedo ser una reportera buscando la ultima nota y resultas ser alguien importante. – dice irónicamente, pero es tan ingenuo a veces que lo toma enserio.

- ¿Bueno, entonces aquí queda todo? – pregunta, desganado.

- Aquí queda todo. Tengo que retirarme. -

- Te llevo en cuanto termines de alistarte – le dice peno no quiere.

- No. es más, prefiero que no estes en la habitación al salir. –

- ¿no me darás el privilegio de verte desnuda por ultima vez? – y carcajea.

- ¿enserio será la ultima vez? - pero no dice nada al respecto, tan solo le da una nalgueada y se retira no sin antes darle de nuevo las gracias.

- Gracias. Te dejo la tarjeta de acceso para que no tengas problema al salir. Espero volver a verte. – susurra por lo bajo y se marcha.

Media hora después, sale del baño encontrándose con su ropa acomodada sobre el sillón y su cartera sobre el mismo con una nota pegada por fuera con un número telefónico.

“No sé si algún día sabré su verdadera identidad, de todos modos, le propongo seguir disfrutándonos en el anonimato de nuestras mascaras. DÍGAME QUE SÍ, Y PROMETO LLEVARLA AL INFIERNO”

Erika sonríe al leer ese mensaje y besa el papelito justo antes de cambiarse para regresar a su vida

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