Para Érika había sido toda una odisea poder ingresar, porque no venía acompañada, su nombre no estaría registrado y no podía hacerse pasar por Abril. De por si él solo pensar en que se puede enterar ya la pone en un serio problema.
En cuanto llegó al sitio y aparco el auto se bajó del mismo y suplicándole a todos los santos que le permitan entrar es que se encaminó hasta la puerta, pero justo cuando iba a pasar de largo, sin anunciarse al personal detrás de aquella oficina con vidrios polarizados es que logra interceptarla uno de seguridad y luego de intentar de todo para que la deje ingresar a la fiesta, tuvo que volver a salir por dónde vino. Para su suerte había una pareja que se encontraba discutiendo en la entrada y lo hicieron de manera un tanto violenta que los de seguridad tuvieron que dejar sus puestos para acercarse a intentar calmar la situación. Si bien la entrada se libero, era imposible pasar ya que desconocía si había o no un segundo anillo de seguridad, por lo que decidió ir por detrás del edificio y tratar de ingresar por alguna entrada secundaria.
Como si el destino la quisiera allí dentro, el cátering había llegado y aprovecho para colarse entre los mismos tomando del auto sin que nadie la viera una chaqueta de la empresa gastronómica y una de las tarjetas magnéticas.
- Aguarde. – le dijo el personal de la mansión en la puerta.
- Si. – contesta nerviosa.
- Tiene que dejarme ficharla. – y extiende un aparato para verificar la autenticidad de su credencial y aunque moría de nervios porque de descubrirla podrían mandarla a detener por irrumpir en propiedad privada el hombre asiente y le da permiso para pasar.
En cuanto logró entrar, debía pasar por un largo pasillo y aprovechando que no había nadie se metió dentro de un cuarto que al parecer guardaban dentro cosas de limpieza es que se quitó la chaqueta y acomodo el vestido, más luego soltó el rodete que tuvo que hacerse y se puso el antifaz. Al cabo de unos minutos y se encontraba dentro del gran salón donde se desarrollaba el evento.
Mientras tomaba un trago en la barra se voltea para donde estaban todos bailando e intimando sin pudor cuando logra ver a un hombre que le llama fuertemente la atención.
Por alguna razón sintió que aquel andar lo había visto a antes y cuando se sentó a su lado y le hablo a la camarera, su voz le resultó un tanto familiar. Pero tampoco se preocupó tanto por eso porque podría ser cualquiera la verdad.
Al cabo de unos tragos ambos se encontraban bailando en la pista y era tal la conexión que sentían el uno con el otro que fue sólo cuestión de minutos para que en ese momento estén devorándose mutuamente.
- No sé. . . no sé . . . – por más que quiera decir algo es tal el imán que hay entre los dos que no es capaz de finalizar la oración. Pero, lo que intenta decirle él es que desconoce no sólo la razón que lo tiene pegado a su boca, si ella es una completa desconocida, sino porque no es capaz de resistirse al deseo de acariciar su cuerpo delante de decenas de ojos mirándolos.
- No sabes, no sanes, no sabes qué. – habla entre besos, cada vez que logra despegarse de su boca.
- Quiero tocarte, me urge hacerlo. – confiesa mientras clava sus uñas en su espalda.
- Entonces no te prives de hacerlo. – le dice y sin que Santiago se lo viera venir, ella pega un salto abriéndose de piernas y envolviéndolas en su baja espalda.
La actitud descarada de esa mujer hizo que su miembro, que ya estaba erecto, se pusiera más y más duro y el darse cuenta de que no llevaba nada debajo de su vestido provocó el deseo de bajarse el cierre y penetrarla allí, mientras danzan al compás de la música, mientras se devoran con pasión, mientras arden y se consumen en las ganas, allí, delante de todos.
- No llevas nada. – le dice refiriéndose a su entre piernas en tanto para poderle habla le tiene que jalar los pelos de la noca para alejarla de su rostro. - ¿por qué? – indaga muy cerca de su boca.
- No lo sé. – responde coqueteándole y sonriendo. – quizás porque te esperaba y para que no perdamos tiempo. – susurra esto último en su oído.
Entonces vuelve atacar sus labios.
En tanto se besan, Erika comienza a mover su pelvis, mojando con su humedad la parte de su pantalón donde se encuentra su miembro, su polla dura como la roca que pelea por escapar de esas telas y penetrarla una y otra vez.
Las manos de Beltrán bajan por sus piernas buscando el final de su vestido para colarse por allí y poder acariciar sus glúteos.
- Ahhh – gime sobre su boca en cuanto sus manos frías hacen contacto con su piel desnuda.
- Eres tan suave. – susurra y aprieta su carne y clava sus uñas.
- ¡ay! – grita en cuanto el dolor en sus glúteos la distrae del momento apasionado en el que estaban.
- Lo siento, pero te deseo, te deseo tanto que no puedo contenerme. – confiesa.
- Hazme tuya. – lo sorprende y muerde con fuerza su labio inferior.
Él se separa de su boca y se le queda viendo mientras recobra un poco de energía y ve cómo su peinado ahora está alborotado y cómo aún así se ve tan deseada que sólo quiere estar dentro suyo.
Santiago mira a su alrededor y puede observar que no es el único “en las suyas” con solo mirar hacia a un lado y hacia el otro por cinco segundos ya contabilizo quince parejas teniendo sexo allí mismo.
- ¿aquí? – pregunta tratando de estabilizar su respiración.
- ¿dónde más? – y vuelve a besarlo desaforadamente tanto así que no le permite siquiera pensar lo contrario.
Ella abre sus ojos mientras lo besa para mirar a su alrededor y ver dónde podían desatar esa pasión y a pocos metros logra ver un sillón con una extraña forma entonces muerde nuevamente sus labios para llamar su atención.
- si me sigues mordiendo así, me dejaras sin labios. – le dice jadeando.
- Quiero que me lleves allí. – le dice y señala con la mirada obviando su comentario.
En cuanto él dirige su mirada ase sillón su miembro se movió sobre su sexo desnudo y ella lo notó. Por un lado la seguía sintiendo cierta incomodidad por el lugar donde se encontraban, pero era más grande las ganas que lo quemaban vivo que le hizo caso y camino donde le indicó.
- Siéntate y déjame llevarte al infierno. – susurra en su boca y él hace caso.
En cuanto Santiago se sentó, ella se acomodó encima de su regazo y llevó sus manos a su rostro para besarlo, lamerle los labios y morderlos de vez en cuando.
Por su parte él, tenía ambas manos en sus glúteos e impulsaba sus movimientos hacia delante, haciendo que sus partes intimas y sensibles se froten con muchas ganas. Al darse cuenta de esto, Erika comenzó a mover su pelvis en círculos y se despegó de su boca para llevar ambas manos a sus pechos y aun estando cubiertos por la fina seda comenzó apretujarlo y echar su cabeza hacía atrás.
La forma del sillón era ondulada por lo que él se encontraba apoyado en la parte más alta, en tanto ella en la mas baja. Se dejó caer y acomodó sus piernas a cada lado de su cabeza, las abrió y le dejó una perfecta imagen de su entre pierna, que aun seguía cubierto por la tela.
Ella esperaba que su mano se cuele por debajo de la tela, pero a él le avergonzaba hacerlo. No obstante, al darse cuenta de ello, directamente tomó una de sus manos y se la llevó por debajo de su vestido y clavando el verde de sus ojos en el marrón de los de él, que de lo dilatados que estaban sólo una delgada línea alrededor de su pupila podría distinguirse de ese color.
- Tócame. – le pide y al principio el solo cierra sus ojos para sentir aquella perfecta suavidad de su monte de venus completamente depilado y por, sobre todo, extremadamente suave. – hazlo, por favor. – le pide bajando más su pelvis logrando abrirse un poco más.
Sin más, y al ver que él no movía ninguna de sus manos, tomó don dos dedos uno de él y sin detenerse hizo que se deslizara por su hendija y se adentrara en ella, palpando no sólo en sus propios dedos, sino que mojando los de él, con la humedad del deseo.
- ¡Ohhh dios! – exclamo él en cuando sintió presión y empapado su dedo dentro de ella. - ¡qué mojada estás! – continúa en tanto comienza a hacer círculos allí dentro y Erika comienza a gemir y apretarse los pechos con tanta fuerza que entre gemidos se le escapa algún que otro grito de placer.
- ¡AHHHH, AYYY! – y aunque pellizcarse le provocaba cierto dolor, no quería detenerse.
El cerró sus ojos mientras se lamía los labios al entrar y salir de su cuerpo con sus dedos y no se contuvo más al cabo de unos segundos. Santiago no era de esos que pierden mucho en previas, a él le gusta ir directamente al acto por lo que ésta no sería la excepción.
Sacó su dedo de su interior y la ayudó a salirse de encima suyo para ser él ahora, quien se posicione encima suyo.
- ¿qué me harás? – le pregunta coqueta.
- Ya verás. – no le anticipa nada.
En cuanto la recuesta en el sillón, se inclina para levantar su vestido y volver a encontrarse con su intimidad y también con parte de la cara interna de los muslos mojados, por lo que sus dedos y los suyos le hicieron.
- Me muero por lamerte. – dice y antes de que ella pueda prepararse para o que va hacerle y lo sabe, su lengua toca su punto más sensible.
- ¡AHHHH! – gimió por lo alto.
...
Esta era la primera vez que tenía sexo en un lugar cómo ese y aunque si se ponía a pensar en todos esos ojos observándolos, en todas aquellas personas que aún haciendo lo mismo que ellos no les quitaba la atención de encima.
- Ahhh. –
Erika no para de gemir a lo que él tampoco se detiene en lo que con su lengua le está haciendo.
Con sus manos separa lo más que puede sus labios y lame su intimidad cómo si se tratase de un helado con mucha crema que no deja de derretirse.
Son los orgasmos que no deja de arrancarle con su lengua.
Con su dedo índice mantiene presionado su clítoris y de vez en cuando realiza pequeños círculos haciendo que el cuerpo de ella se convulsione de placer. Que por sus venas corra sangre hirviéndose de ganas, que sude deseo.
- Ahhh, siiii no pares, no pares por favor – le suplica y envuelve su cabeza con sus piernas y sujeta su cabello con sus manos.
- Mmmm, delicia. Mmmm, delicia. – saborea sus jugos.
A ella le molesta su máscara, de echo le está pinchando sus piernas peo aún así no lo detiene. Es tan placentero lo que le hace sentir, cubre mucho más sus expectativas respecto a todo lo que le ha contado Abril en cuanto al lugar que siente que se volverá adicta no sólo a ese lugar, sino a lo que ese hombre puede llegar a ofrecerle si estuvieran en una habitación solos los dos.
- ¡ay! – tiene que soltar su agarre porque su mascara le está lastimando. – ohhh qué rico, mmmm – sigue disfrutando aquella danza que le da con su lengua.
Santiago toma sus piernas y las levanta para luego separarlas.
Es el turno de jugar con su otro punto sensible, el ano.
Erika siempre fue del sexo tradicional, más nunca se interesó por cosas cómo las que había aprendido de su mejor amiga y fue allí donde la curiosidad la envolvió por completo. Nunca, pero jamás, le habían dado un beso negro y realmente lo estaba sintiendo fascinante.
- Ahh ¡dios! – exclama con la voz en grito. Aquella sensación de su lengua introducirse y lamerla internamente era algo que no estaba acostumbrada a experimentar.
Con su dedo pulgar se adentra en su húmeda vagina y mientras no detiene los movimientos circulares de su lengua estimulando su ano.
- Uf, estas muy mojada. – y utiliza sus fluidos para humectar su zona anal y así, poder penetrarla.
Excitado como nunca se imaginó, se incorpora dejando así, de realizarle sexo oral y se dispone a bajar el cierre de su pantalón de vestir. Por alguna razón aparentemente obvia, se guardó una caja de preservativos del cual sacó un condón y sin dejar de mirarla comenzó abrirlo cuando de pronto, ella lo detuvo.
- ¡ESPERA! – y sus palabras fueron ordenes para él.
- ¿sucede algo? – entonces ella se incorporó y le sacó de las manos el profiláctico.
- Déjame que yo quiero hacerlo. –
Beltrán se lo permitió y se le quedó viendo cómo un tonto, con su boca abierta y su polla, su enorme polla erecta “mirando” directamente su rostro.
Erika sacó el condón de su empaque, y con mucho cuidado cubrió con sus labios la parte superior del mismo, ese que parece un gorrito. – y con mucho cuidado par ano romperlo, sujetó primero la base de su miembro y con la mano libre acomodó el preservativo en su glande y luego de mirarlo y sonreírle con sus labios pegados utilizó su lengua para ir bajando el látex y así, poder cubrir su gran pene, ansioso por bailar adentro suyo.
- Ohhh cariño. – le dice y muerde sus labios - ¿dónde estuviste todo este tiempo? –
Su voz seductora calaba tan adentro de su cuerpo que las punzadas en su bajo vientre no dejaban de sacudir su cuerpo.
¡MAGNIFICA SENSACIÓN! Gritó su perra en celo adicta a ese hombre que aunque acababa de conocer tenía una extraña sensación de haber experimentado la misma pasión antes.
En cuanto terminó de colocar su condón le dedico una última sonrisa no sin antes pasar, descaradamente, su lengua por la punta de su miembro.
- Ssssss, me pones como piedra bebé. –
Esa manera de hablar no era propia de él. De echo con su mujer si quiera hablaban sucio en la cama y aunque no podía negar que Barbara tenía un cuerpo de infarto, lo que le generaba esta chica con tatuajes era tan diferente, tan placentero, tan extasiable, que aunque no le gustase las personas que flagelan su piel para este tipo de cosas no podía negar que le quedaba caliente ese ave fénix en cada una de sus muslos.
- Fóllame duro. – le pide ella con una media sonrisa y no es que hablara así, simplemente que si hay algo que le fascina del vocabulario de libros cómo Pídeme lo que quieras es la forma en la que refieren a tener sexo y no hacer el amor.
Santiago carcajea un poco y acomoda su miembro en la entrada de su ano y mordiéndose el labio inferior es que poco a poco intenta abrirse paso en el.
- Ahh, ahhh, mmmm. – entre gemidos de placer y dolor es que lo recibe.
Él no detiene la presión aunque ve que es tan fuerte el modo en el que cierra ella sus ojos que se ve obligado a dejar de insistir y preguntarle si había o no experimentado ese tipo de sexo con otro hombre.
- ¿eres virgen? – pregunta sin vueltas y ella abre sus ojos malinterpretando su pregunta.
- Mmm, no. – pero enseguida se retracta porque comprende a qué se refiere. – ohhh, comprendo. Sí, si lo soy. – dice al fin.
- Entonces mejor lo dejamos para otra ocasión. – se saca el preservativo y mira hacia ambos lado, intentando localizar un cesto de basura pero no encuentra nada, hasta que un hombre que se encontraba bebiendo casi al lado de aquel sillón le acerca una pequeña caja. - ¿perdón? – todo era un tanto extraño.
- Estas cajas son para preservativo usados, luego se llevan al baño y se arrojan en unos tachos que están amurados con puerta color blanca. –
Todo era extraño ahí, hasta lo más sencillo cómo es tirar a la basura un preservativo se volvía un tanto . . . diferente digamos.
Tomó la cajita y continuó en lo que estaba con la mujer, aunque ahora no estaba tan excitado como para pasar por alto el contexto.
Sin más y luego de tirar el condón dentro de la caja y callarla se dispone a subir el cierre de su pantalón pero ella lo detiene.
- ¿qué sucede? ¿por qué lo guardas? – indaga confusa y sin ganas de que todo acabe.
- Es que este lugar no termina por convencerme. – dice admitiendo su incomodidad, pero ella no iba a permitir que se fuera sin antes saber aunque sea, de quien se trataba y tener la posibilidad de volver a encontrarse pero esta vez, sin máscaras.
Mientras ella pensaba en todo esto, el tipo se pone termina de guardar su miembro y comienza a caminar hacia la puerta, pero ella corre tras él llevándose por delante a un montón de personas.
- Permiso, lo siento, lo siento, con permiso. – hasta que, por fin, a mitad del pasillo por el que ingresaron logra alcanzarlo. - ¡espera! –
- Lo lamento mucho, señorita. Pero necesito retirarme de este lugar. – y le vuelve a dar la espalda, pero ella insiste.
- No, por favor, no te vayas. – y toma su mano haciendo que una extraña sensación le recorra el cuerpo de pies a cabeza. – lo siento. Pero la estábamos pasando muy bien ¿qué pasó? ¿es casado? – fue lo único que se le ocurrió. Un infiel arrepentido.
Aunque hace tres años mas o menos que no tiene relaciones sexuales con Barbara, todavía esposa legalmente, no le importaba besarse e incluso tener sexo con otra mujer porque después de todo y aunque se rehúse a firmar los papeles, su matrimonio está completamente deshecho y nada ni nadie volverá a que sus vidas vuelvan a ser una sola. Pero era una extraña sensación estar donde mucha gente con una desconocida que, si le llegase a sacar esa mascara podrían reconocerlo y así arruinarle la carrera. No quería escándalos. Sabía que los paparazzi estaban atentos a cada movimiento que hiciera y la última discusión con su ex mujer por su hijo Sergio había dejado expuestas sus intimidades y desde entonces los seguían hasta debajo de las piedras.
- No, no es eso. Este lugar. – repite entonces ella le ofrece algo que lo deja pensando.
- Si es por esto, entonces vamos a uno más tranquilo. – y sin esperar a que diga nada, intenta sacarse el antifaz, pero enseguida la detiene.
- ¡no lo hagas! –
Por un lado, tenía intrigas sobre la mujer detrás de esa máscara, pero por el otro eso significaba que él también debería descubrir su identidad y eso no podía permitir. También, era solo sentir el aroma de su perfume en el aire, segur degustando su sabor que su cuerpo, su miembro lo delató y ella lo notó.
- Está bien, si quieres seguir jugando al anonimato, pero no puedes dejarme con las ganas. Eso sí que no te lo voy a permitir y no me importa quién seas. – se impone y a Santiago en cierto modo le gusta su forma de ser.
- ¿y que vas a hacer si de igual forma te dejo con las ganas? – le susurra en el oído y Erika siente derretirse.
Un escalofrío volvió a recorrerle el cuerpo y seguidamente extendió la palma de su mano, se acerca lo suficiente para sentir la tela de su traje fino sobre su casi desnuda piel y posa la misma sobre su entre piernas.
- Pues yo también tendré que hacer le terrible esfuerzo de dejarte con las ganas y no devorarme esto que me encanta. – y apretó con fuerza haciendo que un grito envuelto en gemido se le escapara de la garganta.
- ¡AYYY! – Y terminó por morderse los labios, gesto que lo volvió loco enseguida.
La tomó del cuelo y se la atrajo para besarla, en tanto ella, desesperada, bajó el cierre de su pantalón y tomó con fuerza su polla en su mano.
- Ahhh, me vuelves loco mujer. – confiesa entre besos, entre mordidas. En tanto Erika lo masturbaba con fuerza, con rapidez. – ohhh siii, ohhh siii corazón, no te detengas. –
Con ambas manos sujeta sus mejillas y acaricia su rostro, la besa, le pasa la lengua por toda la cara es tanta la pasión que desborda, que ninguno de los dos se reconoce.
- Mmmm, que gruesa polla. – le dice mordiendo con presión su labio inferior, cuando una pareja pasa y menciona algo sobre los dos.
- ¡O MY GOOD! Parecen un volcán estos dos, mira el fuego que se escurre de sus cuerpos. – ambos hacen caso omiso a ese dicho y siguen besándose, acariciándose, masturbándose.
Erika palpa un picaporte y sin más intenta abrir la puerta, pero ésta no le permite y sin dejar de besarla él logra ver que le pide un monto de ingreso y en efectivo. Sin pensar en los ceros que tenía detrás de aquella primera cifra, desembolsa de su cartera, todavía pegado a la boca de aquella mujer, ocho billetes de mil pesos y los coloca en una ranura que le devuelve una tarjeta de acceso. Segundos más tarde ya se encuentra dentro.
Ni bien ingresaron las luces se prendieron, pero cómo estaban muy entusiasmados comiéndose a besos ninguno de los dos prestó atención a ello. Erika encontró su caja con profilácticos y sacó uno, entre caricias logró colocárselo, se levantó la falda y sin perder tiempo se alzó sujetándose mediante sus piernas a su cintura, él mantuvo firme su pene y ella con sensuales movimientos de caderas empezó a “comer” lentamente su miembro.
- Ohhhh – gimió con sus ojos cerrados y echando su cabeza hacia atrás. - ¡eres la diosa del sexo mi vida! – la alaga hasta que por fin logra hacer tope.
En cuanto logró llegar al final, tomó con sus manos su cuello y comenzó a realizar movimientos circulares y esa sensación de tener el miembro “revolviéndola” fue magnifica.
- Ohhh bebé. – jadea sintiendo cómo la llena por completo.
Un buen rato se besan y penetran hasta que él, se cansa de dejarle a ella el control de la situación y toma sus glúteos, los separa y empieza a taladrarla.
¡paz, paz, paz!
En el ambiente se escuchaba sus cuerpos chocándose, los fluidos de ambos mezclándose y el olor a sexo en el aire, a deseos, de seguir así hasta que el sol los reciba o hasta que alguno se de por vencido.
Caminando hacía algo parecido a una tarima en medio de la habitación es que la utiliza para sentarla encima de la misma y así poder penetrarla cómodamente.
- Apriétame la polla. – le pide mordiendo el lóbulo izquierdo de su oreja. –
Él se queda quieto y ella lo aprieta con fuerza y aunque ella sensación hace que se suelte de su cuello y se recueste en aquella tarima, extienda sus brazos por encima de su cabeza y él aproveche para despojarla de la única prenda que cubre su desnudez. El vestido.
- Déjame verte desnuda. – le pide, aunque ya se encontraba subiéndole el mismo por encima de su cabeza. – dios, eres bellísima. – confiesa y comienza acariciarla hipnotizado por sus curvas.
Al ver que él sólo esta tocándola, ella mueve su pelvis a un lado y al otro, arriba y abajo, adentro y afuera. Pero Santiago acaricia su rostro, mete sus dedos en la boca de Erika, y deja los de una mano, en tanto la otra que estaba libre, acariciaba su cuello, hasta que al fin llegó a sus pechos.
- Son hermosas. – las alaga y con sus dedos juega con los pezones.
- Ahhhh. – gime y se estremece ante aquel contacto.
La excitación lo pone a mil y el tener su pecho en su mano le pone la polla tan dura que ella puede sentir cómo su golpe, en su interior, retumba y hace eco en lo más profundo.
De repente, lo bestia le sale del cuerpo y comienza a tocarla de modo salvaje. Aprieta sus senos haciendo que se queje de dolor, la enviste con fuerza logrando que sus testículos choquen con sus glúteos, mete sus dedos lo más que puede en su garganta hasta provocarle arcadas. Aun así, a ella le excita tanto poder y control sobre sí misma.
- Ábrete más. – le ordena y Erika eleva sus piernas que él mismo atrapa, acerca sus pies y mientras cierra los ojos chupa sus dedos y muerde ambos dedos gordos.
- ¡AY! – es fascinante y a la vez excitante esa sensación.
El solo escucharla gritar lo motiva, le da ánimos para volverse un animal y con total salvajismo penetrarla.
Todo se sale de control, toma su cuerpo y la baja de ese sitio, la lleva hacía donde alcanza a ver un sillón y la coloca en el suelo, levanta su pelvis de modo que su cabeza siga pegada a la alfombra, pero el resto del cuerpo en el aire. Toma sus tobillos y se los lleva hasta el rostro logrando dejarla de modo fetal, pero boca arriba. Abre sus glúteos más de lo que ya estar y acomoda su miembro en la entrada de su vagina y mirando la expresión de goce de la mujer, aun con ese antifaz es que empieza a moverse hacia arriba y hacia abajo un ay otra vez, viendo como su gran polla entra y sale de su interior y escuchando como la goza.
- ¿te gusta? – le pregunta en tanto escupe su zona.
- Ahh, siiii, no te detengas. Mmmm – se muerde la boca.
- ¡gime fuerte! – le ordena y al mismo tiempo que penetraba su carne con total desenfreno ella abre lo más grande que puede su boca y comienza a gritar, a jadear y gemir con todo el aire que hay en sus pulmones.
- ¡AHHHH! ¡OHH DIOS! –
Santiago se desconoce, pero esa mujer enciende sus ganas, alborota sus sentidos y no quiere más que romper su cuerpo con su miembro.
- ¡más rápido, más rápido! – le pide y no puede hacer caso omiso a su pedido.
La vuelve alzar y la acomoda encima del suave sillón y para seguir penetrándola.
Erika envuelve con sus piernas sus caderas y se deja llevar por el placer que le provoca tener semejante miembro dentro de su cuerpo.
Uno, dos, tres. Sus cuerpos golpean, lo rojo de su piel no tarda en aparecer.
Cuatro, cinco, seis. Los fluidos del cuerpo de ella empapan el profiláctico de él y el ruido es música para sus oídos.
- Cariño. - muerde sus labios, ya va por la envestida número veintiséis cuando empieza a sentir que el equilibrio le falla, que el calor logra prenderlo fuego, que sus movimientos son cada vez más profundos, más ricos y que en cada uno se deja venir. Pero de momento a otro y con todo el aire que le queda en los pulmones es que comienza a gritar, saca su miembro de adentro suyo.
Se contiene, no quiere liberarse fuera, quiere sentirse dentro pero no puede, no debe entonces hace lo que anheló desde que la vio morderse la boca.
- Chupala, por favor. – le pide mientras pone su miembro en su boca.
Erika abre su boca y mientras se ayuda con la mano él estimula su clítoris para que, al cabo de unos pocos segundos ambos se estén liberando.
Ella en su mano.
Él en su boca.