Sabado 21:30 P.M.
El teléfono no para de sonar en el último piso de uno de los hoteles más caros y lujosos de Buenos Aires. Sentado frente al gran ventanal del gran salón que tiene la habitación se encuentra un hombre de unos treinta y tantos con su brazo izquierdo apoyado en el apoyabrazos del sillón en tanto la otra delineaba el borde de la copa de champagne mientras que observaba de reojo el gran reloj antiguo en medio de la sala y pensando en qué hacer.
- Las máscaras del deseo. – susurra en tanto ve cómo su dedo se mueve sobre la copa.
Sin más y muerto de la curiosidad toma su computador portátil y googlea algo de información sobre esa particular fiesta, pero no logra encontrar nada, absolutamente nada en línea. Se queda pensando unos segundos más y recuerda que la invitación está firmada por lo cuál decide ir por la misma para verificar quién lo ha hecho.
- The Clímax. – y regresa al gran salón para seguir en su búsqueda.
Primer intento: ¿qué es el clímax?
- Nombre masculino, punto culminante o de mayor satisfacción de la excitación sexual en las zonas erógenas o sexuales. – lee en voz alta. – supongo que con eso tendrá que ver. Pero ¿Por qué un evento con máscaras? ¿qué se hará? No comprendo. –
Se toca la barbilla y piensa qué conexión podrá haber entre lo que halló con lo que se detalla en la invitación.
- Quizás estoy buscando mal. – dice en voz alta y va por la información que le devuelve el sobre negro.
Segundo intento ¿de qué trata el evento “The mask of desire”.
- ¿qué? – lo que le devuelve el buscador, es que las mascaras del deseo es una película Nepalí de los años 90 y no tiene nada que ver con lo que esperaba encontrar. - ¡demonios! –
Si había algo que lo hacía sentir frustrado no era solamente no poder tener el control de las cosas, sino también no tener conocimiento por ejemplo de los lugares que quiere visitar. La verdad era que desde que su amigo le comentó más o menos de qué trata el lugar cierta curiosidad nació en él, pero era tan grande el deseo de encontrar a la mujer con la que estuvo hace un año que no podía pensar en asistir a un evento que, por los dichos de Lorenzo, se asiste para intimar.
Luego de acostarse con esa desconocida hubo mucho tiempo en el que se sintió culpable porque si bien ya no quería a Barbara, hacer lo hizo fue, en cierto modo, faltarle el respeto porque, aunque lleven tres años peleando por el divorcio nunca falto a su fidelidad, a pesar de que no se acostaba con ella hace rato.
Lo que su amigo le hizo entender que, no importa si no están las firma e incluso si ella no lo acepta, después de todo no es justo que guarde fidelidad a una relación que de por sí, está destruida y entonces comprendió que, no está mal vivir nuevas experiencias y si prefiere mantenerlo en la privacidad, mejor.
Observó nuevamente el reloj y se dio cuenta de que estuvo por más de veinte minutos buscando sobre el sitio y sólo había encontrado imágenes de la imponente mansión sexual, porque después de todo eso era, un lugar donde las personas asisten a tener sexo.
Sin más, se pone de pie y totalmente decidido va en busca del teléfono para hacer un pedido especial.
- Buenas noches Sr. Beltrán ¿en qué puedo ayudarle? –
El Palacio Duhau – Park Hyatt de Buenos Aires, en el último tiempo había agregado a su ostentoso edificio un shopping que funcionaba a todas horas y le daba la posibilidad a sus huéspedes de poder acceder a prendas de etiqueta exclusiva que en ningún otro lado en el país podrían adquirir ya que el hotel tenía un convenio exclusivo con las firmas más importantes en el mundo de la moda y eran prendas que sólo allí podían conseguir y sólo estaban disponibles para los huéspedes y sus abultadas cuentas bancarias.
- Necesito que me traiga un antifaz del “Salón de las Máscaras”. – porque tenía un traje carísimo y sin uso que había comprado el día anterior y que iría a utilizar en la cena de negocios con Marco Whitsen, pero el evento en el The Clímax lo ameritaba.
- ¿algún diseño en particular? - pregunta, pero no tenía tiempo para pensar en eso, sólo quería un antifaz con el que cubrir su rostro.
- Lo quiero en color negro, que cubra la mitad de mi rostro, es decir que no se me reconozca y que por, sobre todo, que genere gran imponencia al verlo puesto. – mientras le enumeraba las características podía imaginarse con él puesto.
- Perfecto sr, en breve se lo alcanzo. –
Mientras espera a que le traigan el pedido, se mete al baño para ducharse rápidamente, pero fue sólo sentir caer el agua caliente en su cuerpo que su mente le jugó una mala pasada.
Sin siquiera darse cuenta, se vio en un sitio totalmente oscuro y aunque caminara de un lado al otro no lograba ver nada con claridad. De momento a otro, unos ruidos que no logró distinguir en un principio hacen que intente seguir el origen del mismo encontrándose al final del camino y pudiendo distinguir perfectamente gemidos y gritos de placer de fondo pudo divisar la silueta de una mujer moviéndose encima de un hombre. Encima de él.
Nuevamente esa marca en su cuello, ese lunar con forma de corazón no deja de atormentarlo y justo cuando quiere acercarse para poder ver bien el rostro de la desconocida el timbre de su habitación lo despierta.
- Demonios. – maldice al ver su entre pierna y notar que su miembro estaba erecto.
Al cabo de unos segundos se encontraba envuelto en su bata con su nombre bordado en hilos dorados.
- Le traje lo que ordenó, señor. – le entrega una bolsa blanca con letras doradas. – allí dentro está el ticket. Costó 5600$. – Santiago regresa a la habitación por su cartera y saca de allí siete billetes de mil pesos.
- Tenga, le agradezco. – pero en cuanto va a cerrar la puerta el hombre lo detiene.
- ¡espere! Me dio de más, además tengo que darle vuelto. – pero Beltrán niega.
- Quédate con el vuelto no te preocupes. -y cerró la puerta.
En cuanto abre la bolsa se encuentra con una máscara majestuosa. Negra con detalles en plateado, sus bordes en punta daban una imagen de hombre poderoso. Además, hacía juego con su traje de Fifteen Point Eight hecho a medida por Dormeuil, una importantísima empresa textil francesa y tuvo un costo de 76 mil dólares.
- Fascinante. – dijo al ver el outfits.
Mientras tanto, Erika había hablado con Ezequiel y le había pedido si podía quedarse con el niño ya que tenía un evento importante donde trabajaría cómo camarera. Claramente le mintió. No lo hizo por darle celos, aunque muy en el fondo esa era su intención. Más bien lo hizo porque no quería darle motivos para que lo utilizara a su favor en una futura pelea legal por la tenencia del bebé. Lo cierto es que jamás se llevó con su suegra y sabe que tiene incidencia en las decisiones de su hijo y es una posibilidad. De ocurrir esto, él se enteraría de que Luca no es su hijo y si él ha sido un maldito cretino, ella no debía serlo con él.
Pero hacerle creer que el bebé es su hijo cuando no es así ¿acaso no es cruel?
Ella no tenía tanto dinero para un vestido de etiqueta, pero guardaba uno en color blanco que utilizó en la fiesta de casamiento de su ex cuñada por lo que tenía ese para ponerse junto a unas sandalias de un taco de diez centímetros en con detalle en dorado. También, logró comprar en una tienda de cotillón, un antifaz realmente hermoso a pesar de ser una baratija de 500 pesos.
El mismo era en color dorado, porque fue el único color que encontró, con detalles ahuecados y con brillo, más algunos estrases en la parte superior del contorno de los ojos. Una belleza.
Se fue con su auto, un Chevy en color gris muy bien cuidado hasta una estación de servicio donde pidió las llaves para usar el baño y rezó porque esté limpió y cómo si la suerte estuviera de su parte, hacía dos días habían terminado de hacerle reparaciones y ella iba a ser la primera en utilizarlo.
- ¡mil gracias, necesito cambiarme para la fiesta de casamiento de mi mejor amiga y voy llegando tarde! – mintió, aunque sí estaba llegando tarde.
Con una sonrisa se dirigió hasta el toilette con una bolsa de madera y una percha donde llevaba el vestido dentro de una bolsa de cuero y plástico.
En cuanto cerró la puerta no perdió tiempo y se colocó el vestido. El mismo era una belleza y realmente le quedaba fantástico. Con escote en ve bastante pronunciado y una cinta de unos quince centímetros por debajo de los pechos donde comienza el largo del vestido. Además, tiene un escote que se inicia en el final de esa cinta, justo al lado derecho de su cuerpo, un corte que deja ver su pierna completa y su cadera completamente desnuda, con lo cual no llevaba ropa interior y debía estar al pendiente de que nada, absolutamente nada le levantase el vestido dado que así, dejaría a la vista su depilado monte de venus.
Como peinado, simplemente se hizo una coleta bien alta mostrando el tatuaje de una mariposa en el mismo sitio del lunar en forma de corazón. Delineo sus ojos con negro, un poco de rimel y labial rojo furia. Ella no es de utilizar demasiado maquillaje por lo que con él estaba más que bien. De echo se veía un tanto rara con los labios pintados porque no era de maquillarlos, pero era una noche diferente y quería verse distinta.
Por último, un poco de perfume y antes de salir, se colocó el antifaz para verse cómo le quedaba y de verdad se veía bellísima.
- ¿eres tú Erika Miller? – se pregunta y carcajea. – es extraño estar sin ropa interior. – dice para sí misma y corre el vestido para ver su desnudez. – espero tener acción. Que valga la pena todo este circo. – se saca el antifaz y sale del baño.
El mismo día, 22:30 P.M.
- Buenas Noches Sr. Caccialupi. – dice una voz femenina al otro lado de la cabina de vidrio polarizado. Pero justo antes de que pudiera corregir su identidad, un guarda espaldas lo dirige hacia el ala B.
Mientras caminaba por un largo pasillo podía deleitarse con las innumerables obras de arte en las paredes. Pinturas sobre el cuerpo humano, en situaciones sexuales, de mujeres realmente hermosas realizando arte con sus cuerpos, con sus bocas. Una fascinación.
- ¡Qué belleza! – exclamó sin dejar de mirar las obras de arte hasta que por fin se detuvieron.
- Que disfrute, señor. – y justo antes de que pueda responder, las puertas se abren y lo que tiene ante sus ojos, no lo puede creer.
- ¿qué es esto? -
...
La música sonaba a más no poder, las luces titilaban y para donde miraba había personas haciendo cosas distintas.
Lo que más le llamaba la atención eran todas esas parejas manoseando se sin pudor ni vergüenza delante de tantos desconocidos. No es que esas imágenes no excitan a nadie, simplemente lo dejan confuso y hasta incómodo
- Con permiso, disculpe. – se abrió paso entre la multitud, guardando no tocar a nadie, no así las mujeres y hombre que pasaban delante suyo y lo acariciaban.
- Hola mí amor. – le susurra un muchacho lo suficientemente cerca como para estar deseando no haber entrado nunca.
Santiago no era homofóbico, de hecho, cuando pre adolescente mucho antes de conocer a Bárbara tuvo su faceta de homosexual. Se la pasaba tanto tiempo con un amigo en particular que comenzó a sentir atracción hacía él. Además, el chico era gay y siempre le dejó en claro que le gustaba y una noche, se besaron. Si no paso más allá de un beso, fue porque Beltrán no se sintió cómodo con la situación y porque no quería dañar una hermosa amistad. También, con el tiempo entendió que solo fue curiosidad, por sentirse alargado que su mejor amigo, quién fue como un hermano tenía esos hermoso sentimientos hacia él. Santiago sabía que no podía corresponderle y por eso no quería lastimarlo. Con el tiempo supo que estaba batallando contra una fulminante enfermedad extraña y se arrepintió por no haberle dado, aunque sea mentira, los últimos meses de su vida el amor que deseaba recibir.
- ¿Estás solo guapo? – se le acerca lo suficiente y aunque podría sentirse incómodo con ello, estar en un lugar como ese es lo que lo tiene con todos los sentidos alerta.
- Discúlpeme. – es cordial y educado y pasa sobre él.
- ¡Si deseas una noche lujuriosa SÓLO BUSCAME! –
Seguía caminando entre la gente, tratando de no tocar a nadie aunque eso realmente era imposible.
- Hola papi, ¿Quieres bailar? – le dice una rubia de uñas rojas y boca del mismo color, que sujeta su rostro con ambas manos y él, tratando se ser lo más respetuoso posible, la toma de la muñecas y se la saca de encima.
- Lo siento. – y continua hasta llegar a la barra. – al fin. – susurra y una camarera se le acerca.
- Buenas noches guapo, ¿Qué desea tomar? –
- Algo fuerte, muy fuerte. –
Se sentía ahogado en un lugar como ese pero aún así no quería irse, había algo que lo retenía y no sabía por qué.
Luego de que la camarera le sirviera su trago de un solo sorbo hizo fondo blanco y no imagino nunca lo fuerte que era dado que pudo sentir un fuego dentro de su boca que le quemó toda la garganta.
- ¡Dios! – cerró los ojos con fuerza y sacudió la cabeza.
- Se nota que no ha tomado nunca “el diablo” – irrumpe una voz femenina refiriéndose al trago que acaban de tomar.
- ¿cómo? –
- El trago. – señala su vaso vacío.
La bebida fue tan fuerte que tuvo que pedir una botella de agua la misma que terminó en un solo segundo y en cuanto se reincorporó dio una última mirada a su alrededor para preguntar en voz alta, para si mismo, qué era ese lugar.
- Qué clase de lugar es éste. – y la mujer que llevaba rato sentada allí comenzó a contarle.
- El The Clímax es un lugar exclusivo dónde todas las personas de gran status social y poder adquisitivo dan riendas sueltas a sus más bajos instintos. El lugar se divide en tres niveles dónde las parejas y más pueden experimentar desde electro estimulación con maquinarias que si quieras sabrías que existe hasta un sector privilegiado dónde aquellos que sienten excitación lacerando sus cuerpos puedan hacerlo en un sitio esterilizado. – hace una pausa para humedecer su garganta y continuar ante la mirada sorprendida del hombre. – muchos de lo que ves aquí están bajo contrato donde se someten sexualmente a las peticiones de sus amos. –
- ¿Son esclavo? – pregunta confuso y ella asiente.
- Si, es fuerte esa palabra pero si. Ponen a disposición no solo sus cuerpos sino su vida de quienes en cierta forma los compran. - explica.
- Eso es ilegal. La esclavitud se abolió hace muchísimos años. – hasta él lo sabía.
- Si lo piensas de ese modo si. Pero este sitio tiene decenas de abogados quienes preparan los contratos legales y cada subordinado, digamos, saben a qué se atienden si firman. – de todos modos, le parecía aberrante.
- Que locura. Jamás pagaría a una mujer para acostarse conmigo. Tampoco me creería amo y supremo de su vida. – espera molesto y escucha la carcajada de la mujer que hace que la mire directamente a los ojos.
Se le quedó como idiota observando. El color de sus ojos le parecía tan conocido que no podía quitar los suyos de encima. El verde de los mismos lo penetraba tan afondo que podía sentir como pulverizaba sus huesos. Sus labios gruesos de color rojo no hacían más que provocarle unas inmensas ganas de besarlos y morderlos. Las ondas de su cabello en esa coleta alta le quedaban también, le despejaba el rostro y aún con ese antifaz dorado podía verse como una diosa.
Con tal descaro bajo su mirada hacia sus pechos y no disimuló su excitación que relamió sus labios y soltó un sonoro suspiro que, aunque la música estaba fuerte la cercanía de los dos le permitió a ella poder escucharlo.
En tanto la mujer, sintió una conexión tan fuerte que no podía dejar de coquetear le a sabiendas que la miraba como querer devorarla por completo.
Sin más, se cruza las piernas y decide tomar su vaso, el de él, para beber su trago.
- Mmm, si que es fuerte. – dijo y eso que a penas se mojó los labios, pero el hombre seguía hipnotizado mirándole el cuerpo entonces ella aprovecha para ponerlo más incómodo. Por alguna razón, que desconocía, su mirada la hacía sentir una mujer deseada y eso francamente no l molestaba para nada. – Veo que le gusta lo que ve. – y fue tanta la vergüenza que le hizo sentir que si estuvieran las luces prendidas notarían todos lo rojo que tenía las mejillas.
- le pido mil disculpas. – le dijo juntando sus manos a modo de súplica. – perdóneme señorita, en verdad que vergüenza con usted. – pero para su sorpresa la chica solo carcajeaba y lo miraba de reojo mientras seguía bebiendo el trago.
- no se preocupe, que, si me molesta que me miren cómo un pedazo de carne en el asador, directamente no asistiría a este tipo de eventos. – pero Santiago no comprendía muy bien ese dicho respecto a carne y asador.
- ¿cómo? No comprendo su vocablo. – ella sonríe y niega.
- me refiero a que si me molestara que me miren cómo lo ha hecho usted, no vendría de esta forma a un lugar dónde se supone que en cualquier esquina terminaremos teniendo sexo. – explica de lo más tranquila.
Esto hace que se ahogue con su propia saliva, puesto que no era normal que las mujeres hablaran tan sueltas cómo ella, aunque le recordaba a alguien cuya personalidad era parecida a la suya y aunque por un momento pensó que podría tratarse de ella, con la oscuridad de ambiente le sería imposible distinguir cualquier lunar en su cuerpo. Como así las marcas en sus muslos.
Santiago no tenía la menor idea de que se trataba de la misma mujer, porque, además, no sólo Erika se había tatuado la nuca, tapándose el lunar, sino que hizo lo mismo con esas marcas en sus muslos. Por lo que a no ser que se quitara la máscara él no podría saber que se trataba de ella.
Por otro lado, Erika no podría saber que se trataba del padre biológico de su hijo, puesto que aquella noche estaba algo ebria y con el paso del tiempo lo poco que recordaba del rostro de ese hombre se había perdido en su inconsciente. Por lo tanto, eran dos perfectamente conocidos, desconocidos.
- ¿y no sienten pudor de que la gente presente los vea? – realmente estaba intrigado. Beltrán se sentía demasiado adulto para esas cosas y creía fuertemente que la intimidad debía quedarse puertas adentro. Todo aquello era nuevo y demasiado para él.
- Sin embargo, para mí es realmente excitante. – confesó y aunque esta era su primera experiencia en ese lugar, luego de soñar con el mismo por todo lo que Abril le contaba que hacía con Santino, cada recoveco al que iban, era de esperarse que sintiera deseos de explorar todo o casi todo lo mismo que ella. – que decenas de ojos te observen, te deseen, sientan el fuego correr por sus venas y las ganas por tomarte con ambas manos y hacerte suya. Desear ser quienes te penetran, te tocan, te lamen cada centímetro del cuerpo ¿no es realmente excitante si lo piensas? – y le dedica la atención, quemándolo hasta los huesos con el verde de sus ojos, esperando una aprobación a su perversidad.
- No lo sé. – se sentía confundido entonces ve cómo la muchacha se pone de pie y le extiende su mano.
- Vamos. – le pide y sin esperar demasiado tiempo su respuesta, directamente la toma.
En la pista de baile hace que coloque sus manos en su cintura para que ella haga lo mismo, pero alrededor de su cuello y comience a mover sus caderas al ritmo de la música sonando de fondo.
Erika se movía tan bien que se sentía seducido por sus movimientos. De vez en cuando ella giraba alrededor de él y lograba ponerse en su espalda para abrazarlo por detrás e intentar introducir sus manos por debajo de la camisa, pero por la incomodidad que sentía al acaparar la mirada de varios presentes es que no podía soltarse del todo.
- Relájate. – le pedía tuteándolo.
- Pero nos están viendo. – le explica el motivo de su tensión y sólo escucha de su parte una suave carcajada en su oído.
- Entonces démosle lo que esperan ver. – le dice regresando delante suyo.
El vestido que llevaba puesto tenía una particularidad. Y es que la parte de atrás de la prenda dejaba ver la mitad de su espalda y solo unía cada extremo de cada lado tres cadenas finas enchapadas, el resto de tela se iniciaba en la curvatura de sus glúteos por lo que en cuanto ella le puso sus manos en sus caderas, pero llevando sus brazos más atrás hizo que las yemas de sus dedos hicieran contacto con su piel desnuda.
- Esto es incómodo. – por un lado, Santiago le agradaba estar con esa mujer, realmente se sentía a gusto, pero las miradas de los presentes lograban inhibirlo.
- Déjate llevar y olvídate del lugar en el que estamos. – y entonces le hizo caso.
Santiago apoyó su cabeza entremedio de su cuello y hombro y cerró sus ojos en tanto dejaba en sus manos la situación. De momento a otro estaba sonriendo, drogándose con su aroma, embriagándose con aquella perfecta y adictiva fragancia que emanaba su cuerpo. Perfume a deseo y él no pudo resistirse a hacerle saber cuánto es que le seducía, olvidando dónde se encontraba y que decenas de ojos los devoraban por completo.
- Hueles tan bien. - susurra pegado a su cuello, a pocos centímetros de su oído. - y tu piel es tan suave. - con las yemas de sus dedos comienza a trazar un camino desde la mitad de su espalda desnuda hasta el final del escote, justo donde nace la curvatura de sus glúteos. - si no fuera un caballero, le haría exactamente lo mismo que todos esperan al llegar a un lugar como este. - le confiesa en un hilo de voz, humedeciendo el lóbulo de su oreja con la lengua y arrancándole un leve gemido en cuanto realizó cierta presión con sus dientes. - si vuelves hacer eso, me veré obligado a faltarle el respeto. - le advierte apretando su cintura a su cuerpo dejándole sentir cuán animado estaba con su presencia y cercanía.
- quizás eso quiero. – susurra entre jadeos en su oído y él busca su mirada.
- qué quieres? – le pregunta, sintiendo como su toque quema, incendia las ganas de hacerle el amor allí mismo, delante de las decenas de personas observándolos.
- béseme. - lo trata con formalidad y vuelve a sentir cómo el calor se concentra en su bajo vientre. – devóreme, cómame. – le pide gesticulando de modo que todo su cuerpo es gelatina, pero aun así le sigue el juego.
- no me tiente. – estaba perdiendo la razón, la vergüenza y su agarre se hacía cada vez más firme. – no me provoque. – le advierte.
- o si no ¿qué? – lo confronta.
- ¡al demonio! ¡qué miren! – y pegó sus labios.