El agua moja sus cuerpos desnudos mientras ellos se divierten en ese estrecho espacio que les ofrece la regadera.
Arrodillada a sus pies, sostiene con firmeza la virilidad de ambos en tanto disfruta y saborea como niña que sus padres le han comprado aquel caramelo por el que tanto pedía.
Abre su boca lo las grande que puede y se introduce el miembro completo hasta sentir que el glande toca su campanilla e incluso la pasa y siente que se ahoga.
Le gusta…
Le excita.
Mientras se divierte con uno, al otro lo masturba con ganas.
- Ahhh, ahhh – los gemidos de los caballeros hacen que tiemblen las paredes....