NANCY.
—¿Tampoco puedo estar fuera de mi restaurante? —le pregunté al perseguidor empedernido de Juan Finol.
«¡Qué fastidio con ese sujeto! A buena hora vine yo a contratar sus servicios de guardaespaldas».
No me dejaba ni a sol ni a sombra, ni a cigarrillos ajenos, ni a humos citadinos o bebidas alcohólicas. Tampoco me dejaba ni a carreteras o aceras, carros o camionetas, nada, no me dejaba en paz, ¡no me dejaba en paz! Y yo pensando que le caía mal mi resistencia y cada acto de terquedad que le demostré.
Finol Junior Segundo se acercó a mí mientras llamaba por teléfono.
Mamá no me contestaba. Soy la peor hija...