CARLOS
—No te ves bien.
Alcé la cara para mirar a mi prima luego de soltarme aquella opinión, mientras masticábamos nuestro almuerzo, uno que compartíamos en su oficina, un sábado al mediodía; Algo exclusivo y extraño, en vista del lugar en dónde ella trabajaba. Ya era demasiado que los fines de semana ella tuviese que laborar, lo que me hacía querer acompañarla para aligerar un poco su responsabilidad.
—Anoche fue un desastre —le conté—. A Marcos le dio una alergia bastante fea y en el hospital no nos fue nada bonito.
—¿Cómo dices? —Dejó de comer—. Pero… ¿él está bien? ¿Cómo que una alergia? —Los ojos de mi prima estaban...