OLIVIA.
Al cabo de unas horas (no supe de inmediato cuántas), me encontré con mi cara pegada a su pecho. Sentí un confort tan divino...
Carlos estaba despierto. Suspiré y sonreí. Y más, cuando noté que sobaba mi cabello.
Un teléfono vibró.
—Es el mío —dijo.
Se levantó de la cama y abrió los ojos de par en par mirando el suelo. Puso cara de circunstancias y horror.
—Hemos tumbado todo, Olivia. —Señaló hacia abajo y se echó a reír.
Su teléfono seguía vibrando.
Me moví rápido hacia el borde de la colcha y explayé mis ojos.
—Por Dios, ¡qué desastre! —También reí—. Ya lo acomodo… —Te ayudo —me interrumpió....