Dakota se acerca y lo abraza, Diego recarga la cabeza en su hombro y llora una vez más desconsoladamente. Ahora comprendo el porqué de su aprehensión o mejor dicho, su temor a estar solo, a perder a las personas que ama. Mi alma se llena de tristeza por no saber con certeza lo que depara el futuro, ya no solo por el hecho de que yo pueda perder a Milo, sino porque ahora sé que mi dolor no se compararía al de una persona que por años le ha amado como si fuera su propia familia.
—Maya, ¿en cuánto tiempo crees que pueda despertar? —pregunta Jeanna.
—No lo sé, el...