—¿Puedo entrar? —preguntó Ken y miré hacia arriba.
—¡Hola! —exclamé y la abracé.
—Entonces... ¿están listos todos los preparativos para mañana? —pregunté y ella asintió.
—Me siento tan nerviosa, ¿y si él cambia de decisión? —dijo.
—Relájate, te ama... nunca haría eso —respondí.
Ella sonrió y me abrazó.
—Espera... no deberías trabajar hasta que te recuperes bien —dijo y me reí.
—No estoy trabajando... es solo que... Lincon estaba teniendo dificultades para preparar el fondo en su oficina, así que me lo pidió —dije.
—No trabajes demasiado —dijo.
Bajamos y, justo entonces, un delicioso aroma golpeó nuestras narices.
—¡Vaya... ¿qué es eso? —preguntó Ken.
—Audrey y yo hicimos unos cupcakes......