—Amor... —abrí los ojos y me di la vuelta para ver a Mateo por primera vez con una camiseta normal.
Bostecé y me senté, todavía adormilada.
—¿No tienes reunión? —pregunté.
Él se rió y me besó la frente.
—Te dije, cariño, no hay nada importante en la empresa que deba atender... mi asistente se encargará de ello —dijo.
Asentí.
Me levanté, pero sentí mareo.
La mano de Mateo fue a mi cintura, sosteniéndome en su lugar.
—¿Sigues mareada? —preguntó.
Sacudí la cabeza.
—Ve a ducharte, cariño, tengo una sorpresa para ti —dijo.
¿Sorpresa?
¿De verdad?
Sonreí y corrí a la ducha.
Realmente quería comer algo... como... ¿algo ácido?
Después de...