Me quedé en mi lugar mientras Mateo salía por la puerta nuevamente.
—¿Nos... vamos? —me pregunté a mí misma.
—Señorita... —Mary entró y abrió mi armario.
—Tienes un vuelo en 4 horas... te ayudaré a empacar —dijo, sacando una maleta.
—Espera... yo... —No entiendo lo que está pasando.
Bajé la mirada, llena de múltiples preguntas en mi cabeza.
—Alma —dijo Mary.
Tomó mi mano y me sentó en el sofá, a su lado.
—Tienes que irte, ya no es seguro que vivan aquí —dijo.
Asentí.
—¿Por qué no empacas tu maleta? Yo haré la mía —dije.
Ella sonrió.
—No voy a ir con ustedes dos... —fruncí el ceño.
—¿Por qué?...