—Tenía hambre —dijo y se encogió de hombros.
—Al parecer también has olvidado modales.
Se levantó, y desapareció de la vista de la reina, lo agradecía, Yeseraye a veces no llegaba a soportar al rey. Puso los ojos en blanco, y se recostó en el comodo sillón.
Cerró los ojos, queriéndose quedar dormida allí. Sin embargo las doncellas llegaron, y le arrastraron para que pueda descansar en la habitación.
Dos horas más tarde, había demasiado ruido. Yeseraye, con algo de pesar, tuvo que ponerse de pie, calzarse para ir a ver qué era tanto alboroto.
A llegar al pasillo, vió varias doncellas alrededor de algo o de alguien.
—Así que...