—Puedes llegar a asesinarte. Tenemos que preguntarle a nuestra chamana. Nuestra abuela, aseguro que tiene algún conocimiento respecto a esto. Aunque la verdad nunca había escuchado algo así.
—¿Tú piensas que me puede ayudar..? —preguntó con ansiedad.
—Si. Aunque a esta hora está dormida. Tenemos que madrugar a la mañana, ir y preguntarle.
—Si dejaron de hablar me llevaré a la prisionera.
—Déjala que duerma en mi habitación.
—¿Qué..? ni de broma. Ven, apresúrate. Te llevaré a tu casa.
La arrastró, fue tomada de la mano por aquel hombre fuerte. La empujó sin sutileza. Cayó de rodillas al suelo. Enojada, le devolvió la mirada y el hombre desapareció. Miro de...